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El título de este texto es para generar un auténtico dolor de cabeza, lo sé. La realidad suele ser una dimensión que no tiene que ser cuestionada. Esto representa un auténtico desafío a la inteligencia. De hecho, quien lo hace es un serio candidato a ganarse unas largas vacaciones en un lindo centro de eso que llamamos salud mental. Pero la pregunta por la realidad es mucho más común de lo que podríamos imaginarnos. Hacerla no necesariamente tiene que derivar en una negación de toda realidad para terminar en el completo relativismo. Más bien se trata de un ejercicio a veces hasta necesario que nos ayuda a poner algunas cosas en su sitio.

En este caso nos proponemos visitar la pregunta por la realidad de lo real de la mano de las anotaciones de la investigación de Paul Watzlawick. De esta manera, la pregunta por la realidad se realiza desde el marco de la teoría de la comunicación. El punto de partida es bastante claro: ¿cómo es posible comunicar un mensaje de una realidad a otra? Si se quiere pensar de otra manera bien podemos decir, parafraseando el conocido libro de John Gray, se trata de abordar la posibilidad de poner en comunicación a un marciano con una venusiana o viceversa. Puede parecer una tontería, pero bien sabemos que en el día a día comprendernos los unos a los otros (incluso entre marcianos mismos o al interior del grupo de las venusianas) no es siempre la tarea más sencilla por más que se parta de una realidad aparentemente en común.

Realidad de las lenguas

He utilizado la referencia de este best-seller de manera bastante intencionada. Me gustaría que de momento fueras consciente de lo que piensas sobre el libro de Gray que hace un ejercicio de imaginación para hacer que las mujeres vengan de Venus y los hombres de Marte. No hace falta que confieses si lo has leído o no. Piénsalo un poco y guarda esa opinión ya formada que tienes sobre este autor y su libro que no para de venderse. Si nos quedamos con la idea básica tenemos que en ambos planetas hablan una lengua propia y, por tanto, para establecer comunicación se ha realizar un proceso de traducción en el que se juega la posibilidad de entendimiento. Lo divertido, por supuesto, es que partiendo de una misma situación, es decir, de unas circunstancias compartidas que bien pueden ser tomadas por la realidad, no encontramos con diferentes descripciones de la misma de acuerdo a la lengua que se hable.

Si las lenguas expresan una visión de la realidad no cuesta mucho entender la fuerza con la que se les defiende. - tuitéalo    

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Tampoco hace falta ir demasiado lejos. Podríamos abandonar incluso el libro para trasladarnos a contextos donde en nuestros días se debate la separación de un territorio para constituirse como una nación independiente. Territorios donde viviendo lo mismo la realidad se tiñe de distintos colores dependiendo de si se habla una lengua u otra. En este sentido Watzlawick nos dice algo fundamental siguiendo a Humboldt: “una lengua no sólo transmite información, sino que además es vehículo de expresión de una determinada visión de la realidad”. Si esto es así no es complicado entender la vehemente defensa de las lenguas: ¡con ellas se juega toda una visión de lo real! ¡Una realidad entera se esfuma con la extinción de una lengua! ¿Parece poca cosa? Claro que esto supone resolver una pregunta: ¿hay una realidad o más bien realidades? En situaciones como esta lo que sucede es que cada bando defiende su perspectiva como la más ajustada a la realidad desatando un conflicto sin fin.

Realidad y sentido

Sería demasiado pretencioso decir que vamos a resolver aquí lo que puede entenderse por realidad y lo que no. Más bien podemos hacer una indicación siguiendo la línea de reflexión de Watzlawick y de ahí dejar que cada uno saque sus propias conclusiones. Así, lo que se vuelve evidente con el problema de las perspectivas de la realidad y la realidad misma en sentido ontológico fuerte es que se tiene que tener cuidado con confundir la realidad con el sentido de la misma. Vamos a decirlo de una vez para tranquilidad de todo mundo: hay una serie de elementos físicos perceptibles y comprobables que nos llevan a un consenso sobre lo que es, existe y es real. Hay un suelo, una línea guía o red de seguridad si se quiere. Aunque siempre habrá el radical que ponga al daltónico como ejemplo de alguien que no percibe de la misma manera los colores, por ejemplo. El asunto es que el daltónico puede decir que no percibe el color, pero que sabe que eso no significa que éste no exista.

Puntuamos la realidad para luego comunicarla como la única y más valiosa que hay.  - tuitéalo    

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Habrá que dejar de lado entonces la discusión sobre eso que llamamos real a partir del consenso o del sustento en un procedimiento científico que “compruebe” que algo existe y es de hecho de determinada manera. Nos centramos entonces en el sentido que damos a eso sobre lo que acordamos que es real. Es aquí donde, a pesar del punto de partida en común, encontramos una dispersión de sentidos en los que puede reinar una completa confusión. Este es uno de los puntos clave para el discurso de la posverdad tan de moda en nuestros días. A cada cosa “real” cada uno asigna un valor y un sentido. Puntuamos la realidad, de acuerdo a la terminología de la escuela de Palo Alto. Estas puntuaciones son determinantes en lo que comunicamos al otro y el origen de las diferencias y confusiones. Hablamos sobre lo mismo, pero no le damos el mismo valor y sentido. Por eso a veces parece que unos vienen de Marte y otras de Venus.

Tres salidas ante la encrucijada

¿El libro de Gray es lo suficientemente valioso como para vender millones de copias? ¿Es una respuesta fácil para un problema complejo? ¿Una tomadura de pelo o un texto que de verdad aporta claves para mejorar la comunicación (léase relación) entre mujeres y hombres? Recupera lo que piensas del libro y tenemos al menos tres posibilidades: defenderlo como una obra importante, atacarlo como obra superficial o enfrentarlo con indiferencia. Estas tres opciones bien podrían representar una constante ante el dilema que enfrenta la existencia de una realidad única que sirve como gran criterio y la que apuesta por una diversidad de realidades determinadas por el sentido que damos a las cosas. Las tres opciones de Watzlawick son las siguientes:

  1. Asumir que el mundo no tiene orden alguno, es decir, que no hay línea base que pueda guiarnos. La confusión es la gran soberana del mundo.
  2. El orden de la realidad es un constructo que depende de nosotros. En este caso suele suceder que vivimos ese orden construido como algo que le pertenece a la realidad misma. La realidad de eso que llamamos real nos pasa desapercibida, pero nos sujetamos a una percepción y puntuación que nos da la estabilidad necesaria para el día a día.
  3. Hay un orden independiente al que nosotros determinamos dado por un ser superior. Nuestra tarea, por tanto, está en establecer comunicación constante con él.

He aquí que tenemos que abandonar el tema. Dejar que cada uno establezca el punto con el que se siente más identificado para explorarlo. Puede que los del resto de grupos te parezcan un poco raros, pero vamos a pensar que hacen lo que pueden con lo que tienen. Tal y como hacen los marcianos y las venusianas en sus relaciones. ¿No crees?

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