Yandex.Metrica

Tenemos un nuevo gato en casa. Es un pequeño y simpático gato negro que, entre otras curiosidades, parece tener un excesivo pudor con lo que hace dentro del arenero. Me he dado cuenta porque la primera vez que lo ha usado rascaba y rascaba a pesar de que había ya cubierto todo lo que tenía que cubrir. Eso me hizo pensar en los marrones de la vida, en las mierdas que nos pasan y que nos esforzamos después por cubrir para que no quede rastro de ellas. No es un trabajo sencillo. Hay que desarrollar técnicas a veces realmente completas para conseguirlo.

Son curiosas las lecciones que podemos aprender de los gatos y los areneros si los relacionamos con la vida cotidiana. La metáfora es de lo más útil: la hemos cagado y ahora no nos queda sino enterrar el asunto. Pero no todos lo hacen de la misma manera. Hay quienes, como nuestro pequeño, tiran y tiran arena sin poder detenerse. No se dan cuenta de que su acción misma los delata. Pero no pueden con la idea que quieren enterrar y les resulta imposible dejar de revisar si todo está cubierto e invisible. Es un poco como El corazón delator de Edgar Allan Poe. Otros, en cambio, se contentan con que la cosa no sea tan evidente y salen del arenero tan señoriales como siempre. Cada quien enfrenta los marrones de la vida de una manera diferente y el arenero nos ayudará a describir algunas.

Limpiando los marrones de la vida

El gato atiende al llamado de la naturaleza. Una vez terminado sigue el rastro con le olfato para que ahí donde se insinúa el olor a mierda llevar arena con su pata. Una vez que considera que ha quedado cubierto, no sin previo repaso del olfato, abandona la escena completamente satisfecho. Pero alguien tendrá que venir a limpiar tarde o temprano. El arenero tendrá que limpiarse para sus próximos usos. Aquí es donde aparecen las diferentes técnicas que nos sirve de metáfora para los marrones de la vida. Maneras de enfrentar una tarea doméstica que hacen eco sobre las situaciones del día a día. Vamos a ver algunas de ellas.

Borrón y cuenta nueva

Hay quien enfrenta los marrones de la vida cortando de tajo el asunto. Esperan a que el arenero esté completamente lleno, que sea ya casi imposible ocultar una mierda más porque al remover un poco la arena se asoman por aquí y por allá los cuerpos del delito. Entonces no queda otra que vaciar el arenero completo y poner nueva arena sobre él. No hay manera de salvar algo de arena. No hay rincón impoluto. Es por eso que hay que tirarlo todo aunque con eso sacrifiquemos alguna que otra cosa reutilizable. Esta es la manera más radical. Dos elementos a destacar entonces: 1) la espera que desatiende mientras el arenero se llena; 2) la solución drástica ante lo que ya resulta innegable. ¿Puedes ir poniéndole rostro a este modo de proceder?

Esperar a que el arenero se llene y tirarlo todo para empezar de nuevo: el modo radical de tratar marrones. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

El filtro oculto para los marrones de la vida

Hay quien prefiere confiar en un sistema un poco más complejo. Se trata de una rejilla que se coloca debajo de la arena de manera que se puede levantar haciendo visibles los marrones y dejando en el arenero lo que puede seguirse utilizando. Aplicamos un filtro que permite separar el marrón del resto. Esto supone una técnica más avanzada. Supone la colocación de un filtro que permite distinguir con claridad entre una cosa y la otra. No se niega la mierda enterrada, sino que se le separa para poder hacer algo más con ella y dejar limpio el terreno hasta la siguiente cagada. Hay quien llama a esto experiencia o aprendizaje. Moverse por el mundo confiando en nuestros filtros para aprender poco a poco a distinguir las cosas y aprender de lo que se tenga que aprender.

La presencia de un filtro supone el reconocimiento del propósito del arenero. Es una técnica avanzada para los marrones de la vida. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Es importante ver que el filtro necesita saber lo que es una mierda, necesita reconocer los marrones de la vida para poder filtrarlos. Quien espera a que se acumule todo aprende poco a distinguir, no sabe toma la molestia de establecer la diferencia entre el marrón y el resto de experiencias. Con el filtro se busca el reconocimiento, encontrarse cara a cara con los marrones de la vida en su singularidad para hacer algo con ellos. Aquí lo destacable es diferente: 1) la aplicación de un filtro que es previo al uso del arenero, que supone el reconocimiento de lo que pasará ahí y de la utilidad misma de filtro, es decir, se asume ya que la vamos a cagar y que el filtro nos será útil para cuando eso pase; 2) aplicar el filtro, levantarlo para distinguir los marrones de la vida de lo que no es un marrón. Se gana entonces experiencia y se comprueba la efectividad del filtro para ajustar en caso necesario.

Una pala llamada terapia

Hay una tercera manera que interesa de manera particular. Hay quien para limpiar emplea una pala. Esto es similar a la aplicación de un filtro, pero la acción marca una diferencia crucial: se trata de cavar, de buscar intencionalmente los marrones enterrados entre lo que parece una zona inmaculada. El pensamiento positivo tan de moda en nuestros días nos llama a cavar y cavar sin descanso porque los diamantes pueden estar a punto de aparecer. Pero en este caso lo que hacemos es cavar con la intención expresa de encontrar mierdas. La idea no tiene desperdicio: a veces hay que cavar para encontrar el verdadero marrón. Tenemos que hacerlo porque vivimos rodeados de estos imperativos que llaman a cubrir, negar, ocultar las tristezas, el lado “negativo” de la existencia. El imperativo de la felicidad tiene su perfecto reflejo en el arenero: cuando la cagues cubre todo lo antes posible.

La pala nos sirve para buscar intencionalmente los marrones ocultos. Pero no es de uso obligatorio. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Este imperativo hace necesario cavar para encontrar el marrón. Es como un corazón delator del que hablamos antes pero para un sordo. Sentimos su presencia, sabemos que está latiendo, pero no podemos guiarnos fácilmente en su búsqueda para recuperar cierta calma. Hay marrones que requieren de una labor realmente de arqueólogo. Cuando emprendemos la búsqueda de uno de este tipo le llamamos terapia. Pero hay que tener cuidado con que no nos coloquen ahí marrones ancestrales de difícil y costosa extracción. Lo interesante aquí es la manera en que nos tomamos la labor con la pala. Comprender que el arenero sirve para lo que sirve y no es un lugar de ocultación del pecado. Tener marrones no es impuro o impropio. Todos tenemos nuestro propio arenero mental. ¿Cómo tratas tú con los marrones que caen en él?

No te olvides de visitar la guía de estilo para enlazar las entradas de este blog. El área de comentarios aquí abajo es tuya, no dejes de usarla. Estaré encantado de dialogar contigo y recuerda: compartir es gratis. ¡Hasta pronto!

Sígueme en Feedly