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En este texto voy a partir de un concepto que Eugenio Trías revaloriza: la ocurrencia. Lo hace en un texto maravilloso que es Tratado de la pasión. Algo que ya dice mucho del camino que puede esperarse. En un ejercicio de darle a la pasión el lugar que le corresponde aparece la ocurrencia como un momento casi de iluminación. Es uno de esos cruces de tiempo y espacio donde resplandece la singularidad de las cosas. Es por eso que en la ocurrencia podemos conocer esencialmente, podemos mirar con los ojos del alma el alma de las cosas, como diría Platón.

Esto puede sonar complejo, pero en realidad no lo es tanto. La idea de Trias es que la ocurrencia, como palabra, es de una gran capacidad expresiva en tanto se encuentra en el cruce entre el objeto y el sujeto. Esto en la medida en que se trata de “un proceso único que puede, por abstracción, concebirse como ‘algo que pasa por la cabeza’ o bien ‘algo que ocurre en la realidad'”. La ocurrencia, en efecto, puede ser perfectamente bien algo que ha pasado en el plano de lo real o bien una idea que ha pasado por la cabeza y que entendemos casi como algo raro o descabellado. Doble posibilidad de comprensión de un término que nos permite ligar lo que pasa dentro y fuera del sujeto al que le ocurre o se le ocurren cosas. Vamos a explorar ese espacio intermedio.

La ocurrencia y la galería de la memoria

Tenemos entonces que lo que ocurre, la ocurrencia, tiene una dimensión en lo real donde se le entiende como lo que acontece. Esto quiere decir que la ocurrencia tiene un lugar en las coordenadas espacio temporales. Toda ocurrencia tiene un aquí y un ahora. De pronto nos vemos con su realidad entre manos. He aquí lo que ha ocurrido ahora. ¿Qué hacemos con ello? Aquí te propongo hacer un ejercicio de imaginación. Pensemos en esta ocurrencia que nos cae entre las manos como una arcilla con la que hemos de elaborar una escultura. Pero no todas las ocurrencias son iguales. La dimensión de las mismas determina la cantidad, textura y maleabilidad de la arcilla. Lo cierto es que algo hay que hacer con esa masa que tenemos de pronto delante. La ocurrencia nos interpela y con ello estamos condenados a la respuesta porque hasta el silencio y la inacción son maneras de responder.

Lo que hacemos con lo que ocurre llena de esculturas nuestra personal galería de la memoria. - tuitéalo    

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Pero centrémonos en las ocurrencias que de verdad nos marcan. Para ello podemos parafrasear el discurso de Los amante del círculo polar: Estoy esperando la ocurrencia de mi vida, la más grande, y esos que las he tenido de muchas clases, sí podría contar mi vida uniendo ocurrencias. Pero mientras esperamos vamos haciendo algo con la arcilla que nos llega. Esas pequeñas o grandes obras reflejan nuestro estilo, nuestra manera de lidiar con lo que ocurre ahí afuera. Vamos armando entonces una galería de recuerdos. Mira, esa escultura no me ha quedado tan bien, pude haber hecho algo mejor con esa arcilla. Pero en cambio esa otra me ha quedado perfecta, ha sido bastante inesperado pero me ha quedado de maravilla. Y así vamos dando forma a nuestra personal galería de la memoria que muestra lo que hemos hecho ante la presencia de la ocurrencia. ¿Puedes imaginarte paseando por la tuya? ¿Cuál es la primera escultura que te viene a la cabeza?

La ocurrencia y la no-ocurrencia

Pero aquí me gustaría ir un paso más allá de lo planteado por Eugenio. Él destaca bastante el carácter inesperado de la ocurrencia. Nos dice: “Ya que ‘ocurrencia’ tiene, como ‘singularidad’, la connotación de algo insólito, de algo que llega intempestivamente a la mente o que sucede de manera inesperada, impredeciblemente, generando un decalage en el alma y en lo real”. Tiene razón. Esta abrupta aparición de la ocurrencia nos pone manos a la obra, nos pincha de tal manera que es imposible evitar la reacción. Pero creo que esto no elimina la posibilidad de que existan ocurrencias esperadas. Podemos esperar que ocurra algo. En esa medida nos disponemos ya al trabajo, esperamos un cierto tipo de arcilla, montamos un espacio en nuestra galería a la espera de esa ocurrencia específica. Pero no acontece, no ocurre. ¿Qué hacemos entonces con esta no-ocurrencia?

La no-ocurrencia es el vacío ante una ocurrencia esperada. - tuitéalo    

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Dos cosas parecen importantes en este punto. Lo primero es ver el espacio vacío. Sí, hemos preparado la llegada de algo pero esto no ha sucedido. Pero nosotros hemos anticipado la ocurrencia configurando el espacio. Si éste se queda vacío tenemos una inmejorable oportunidad de tomar conciencia de nuestras expectativas. Sí, lo que tenemos entonces en nuestra galería no es una escultura que da cuenta de la manera de enfrentar la ocurrencia, sino la dimensión de nuestras expectativas visible gracias a la no-ocurrencia. Dicho de manera más directa: hemos montado una mesa para un gran banquete y no se ha presentado nadie. Todos los preparativos puestos sobre la mesa nos dan las dimensiones de nuestras expectativas y esas también son parte esencial de nuestra galería y, por tanto, de nuestra manera de ser. ¿Cómo reaccionamos ante unas expectativas no cumplidas? ¿En qué lugar de la galería las dejamos? ¿Visitamos este vacío como algo normal, lo evitamos o procuramos esconderlo?

Lo inesperado que ocurre

Pero esto abre una segunda posibilidad que tiene que ver con la expectativas: ¿qué pasa cuando la ocurrencia cae más allá o más acá de lo esperado? Si podemos tener expectativas ante la ocurrencia por venir no solamente puede pasar que nada ocurra, sino también que lo que ocurre sea más grande o más pequeño de lo esperado. Pero esto significa que sus dimensiones no serán adecuadas para el espacio que hemos dispuesto para ellas. ¿Qué hacemos entonces? La reacción ante una ocurrencia que nos sobrepasa y ante una que nos decepciona forma parte también de esta galería. Un pedestal aplastado por el peso de una ocurrencia que se esperaba más moderada nos dice algo sobre nosotros también. Nos hace conocernos mejor y con esto cumple la conexión que encuentra Trías entre la ocurrencia y el conocer.

Lo inesperado tiene tres posibilidades: ocurrencia, desajuste o no-ocurrencia.  - tuitéalo    

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Quedemonos entonces con que ante lo inesperado hay dos posibilidades: o bien se trata de algo que no era esperado en ningún sentido y por tanto nos obliga a ponernos en marcha para primero tener la obra y luego generar el espacio en nuestra galería o bien se trata de un desajuste entre la ocurrencia y nuestras expectativas que tiene como resultado un espacio inadecuado. En el primer caso tenemos una obra que nos habla del resultado de nuestra acción. En el segundo el juego entre las expectativas y las realidad ocupa nuestra atención. Convive en la galería esa tercera forma de lo inesperado: la no-ocurrencia. Esperamos que algo ocurra, pero no es así. Lo inesperado es entonces la ausencia, la no-ocurrencia misma. Variante del juego de expectativas que forma parte de los pasillos de nuestra galería. ¿Podrías hacer un mapa de la tuya? ¿Identificas dónde está cada obra, cada espació vacío y dónde los que han resultado inadecuados? Cuéntanos un poco sobre tus paseos por tu galería personal.

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