Volvemos sobre el tema de la posverdad. En una primera aproximación hablamos de su relación con la mentira. Tal y como planteamos las cosas parecía innecesario inventar un nuevo término para lo que hemos conocido siempre como una mentira. Pero creo que para ir más allá hay que tener el valor de dudar y asumir por un momento el escenario que propone la posverdad. Esto quiere decir que, por un momento, nos permitiremos pensar que hablar de verdad carece completamente de sentido. ¿Qué pasa entonces? ¿Cómo nos orientamos en el terreno del conocer? Aquí hacemos el ejercicio teniendo en mente al bueno de Descartes.

Reconocemos entonces que la idea de la mentada posverdad es que la pregunta por la verdad carece de sentido. No hay manera entonces de hablar de mentira, pues no se puede establecer un parámetro de cercanía o lejanía con respecto a un punto guía. No hay, pues, estrella polar que nos sirva de referencia. Resulta igualmente imposible hablar de escalas. No hay pequeñas verdades, ni grandes mentiras. Hemos de abandonar por completo la terminología si tenemos el valor de dudar de este gran concepto que, hasta ahora, nos orientaba. Pero habría que tener muy claro que es precisamente a esto a lo que se debe renunciar: a la referencia, al punto fijo y estable. ¿Qué nos queda entonces?

La página en blanco de la verdad

El simple hecho de intentar hablar de un tema como este asumiendo que no hay ya punto de referencia en el horizonte tiene un par de efectos interesantes. El primero, quizá el que más gusta, es la sensación de libertad. Viajamos libremente. ¿A dónde se va? No importa. El punto de llegada es una aventura a la que le acompaña una inevitable descarga de adrenalina. - tuitéalo     La pregunta por la verdad carece de sentido y por tanto se deja atrás el pesado fardo que era la obligación moral de decir la verdad y nada más que la verdad. Nótese que hablamos entonces en un campo semántico muy particular: libertad, obligación, moralidad. Quitar del camino la referencia de la verdad tiene, entonces, una consecuencia ética que se manifiesta en una primera sensación de descanso o alivio.

Ya no hay manera de hablar de verdad. Es el tiempo de los relatos sobre la página en blanco. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

La verdad deja de ser un concepto metafísico pesado para diluirse como el rostro de arena del hombre del que hablara alguna vez Foucault. Lo que nos queda es una hoja en blanco, una que ha perdido hasta el nombre. ¿Qué puede hacerse sobre una hoja en blanco? Todo parece indicar que se trata de una invitación a la escritura, a ponerse en marcha para comenzar un relato libre de la mirada inquisidora de la verdad. He aquí el segundo de los efectos: la verdad no es ya algo por alcanzar, sino algo que queda ahí detrás y que, por tanto, tiene ahora una relación distinta con nosotros. Somos nosotros los que determinamos si le damos cabida o la dejamos a su suerte. No hay ya alegato que valga a la hora de reclamar la presencia de la verdad. Lo único que tenemos son relatos sobre la página en blanco. Es ese el nuevo hogar de aquella que ya no puede ser nombrada.

El valor de dudar: la hoja de ruta

Imagino ahora al bueno de Descartes. Quizá el primero en intuir inocentemente la posibilidad de una posverdad. Está ahí, frente al fuego de su chimenea con las imágenes de la guerra en la cabeza. Le gustaría dejar de pensar en ello, pero no puede. Le visitan hasta en sueños. La vívida memoria de lo ocurrido y lo irreal de la barbarie del enfrentamiento bélico se entrecruzan poniendo en jaque el concepto mismo de lo real. Tiene entonces el valor de dudar. Comienza ahí con esa serie de consideraciones que culminarán con la idea que será citada incluso por el más despistado de los alumnos de bachillerato:

…considerando que todos los pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden también ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas, que hasta entonces habían entrado en mi espíritu, no era más verdaderas que la ilusiones de mis sueños. Pero advertí luego que, queriendo yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta verdad: “yo pienso, luego soy”, era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando. René Descartes, Discurso del método.

Tener el valor de dudar de manera radical pone a Descartes en un sendero hacia lo estable. La duda se convierte en la brújula misma que la hace dar con la certeza. - tuitéalo     Nada es verdadero, vivimos rodeados de la falsedad y los sentidos nos engañan. Libres del compromiso ético moral con la verdad podemos quitarnos la máscara: ya no engañamos a nadie porque el engaño ha sido expulsado junto con la noción de verdad. Pero en ese mismo camino casi apocalíptico aparece una pequeña y diminuta certeza: estoy pensando en todo esto. Si pienso es que puedo poner en duda la existencia misma de la verdad y esa capacidad de dudar nos deja ante la certeza de que existimos. Con esto salvamos la caída en la angustia ante la amenaza de que el viaje, que antes nos parecía pura libertad, se convierta en un asfixiante viaje sin fin.

Duda y paradoja

Tenemos que dejar de lado lo que implica conectar verdad, certeza y existencia para pensar este camino cartesiano de otra manera. Si asumimos que la pregunta por la verdad no tiene sentido implica que hemos de afirmar que no hay verdad. La pregunta siguiente es muy clara: ¿qué tipo de enunciado es este entonces? Decretar la defunción de la verdad es en automático un enunciado que se asume como verdadero. Es verdad que no hay verdad. En este tipo de paradojas se esconde la necesidad de escudriñar más a fondo, de distinguir entre la verdad que asoma la cabeza y aquella que se busca negar. Tener el valor de dudar nos lleva a la paradoja donde hasta el más ferviente defensor de la posverdad debe hacer una alto.

El camino de la duda nos lleva ante la paradoja que nos obliga a detenernos a pensar. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Un último apunte. Si la pregunta por la verdad no tiene sentido habrá otras que ocupen el lugar preponderante. Si hablamos de hoja en blanco para contar historias bien podemos preguntar entonces por intenciones. ¿Cuál es la intención que da sentido a un acto? ¿Cuál es el hilo conductor en la historia? ¿Es posible que el azar sea la única fuerza presente? ¿Somos capaces de soportar algo así? Si este camino que ahora se insinúa tiene algo de sentido entonces la ética tiene papel fundamental en el futuro. Como siempre, la libertad tiene un imán que llama a la responsabilidad. Liberarse del compromiso con la verdad puede darnos una sensación de libertad, pero tarde o temprano se nos llamará a cuentas para responder por el trayecto recorrido.

No te olvides de visitar la guía de estilo para enlazar las entradas de este blog. El área de comentarios aquí abajo es tuya, no dejes de usarla. Estaré encantado de dialogar contigo y recuerda: compartir es gratis. ¡Hasta pronto!

Sígueme en Feedly