Quizá conoces a alguien que tiene una profunda adicción al inicio. Puede que lo hayas escuchado de otra manera: miedo al compromiso, rehuir las cosas a largo plazo, inconstancia… Puede aplicar a muchas áreas de la vida. Pero la constante es que el inicio resulta irresistible. No se han dado ni dos pasos cuando ya se está pensando en un cambio de dirección. Empezar y empezar otra vez, parece que nada más importa. Llegar hasta el final es aburrido y monótono. Hay que estar siempre en movimiento. ¿Te suenan estas frases? ¿Puedes ver a alguien diciéndolas? Puede que hasta te sientas identificado con alguna de ellas.

Pero antes de juzgar a alguien intentemos acercarnos a comprender lo que tiene este inicio que resulta tan atractivo e irresistible. Puede que nos descubramos todos cayendo en sus encantos más de lo que estamos dispuestos a reconocer. El inicio, el comenzar, es un canto de sirena al que no cualquiera puede hacerle frente. - tuitéalo     Por eso habría que ser un poco más compasivos con los caídos en esta adicción al inicio. Quizá así puede encontrarse una salida, una alternativa. El peor de los casos está en que nos sentemos todos cómodamente a disfrutar de su melodía reconociendo su magia y disfrutando más del efecto narcótico. Como diría mi amigo Víctor: siendo más eficientes en el padecer.

Adicción al inicio: el viento de la libertad

Cada vez que damos el primer paso en algo nos invaden emociones peculiares: la incertidumbre de lo que está por venir, la ilusión de lo novedoso, la inquietud de avanzar tan rápido como sea posible… Se intuye ya que hay componentes particulares que pueden explicar la adicción al inicio. ¿Quién podría resistirse a esa dosis de adrenalina compuesta de incertidumbre, ilusión e impaciencia? Elementos que solemos encontrar en el enamoramiento. Es ese momento en el que todo parece posible. Con un menor o mayor grado de ingenuidad podemos intuir los riesgos de la empresa, pero eso no es más fuerte que la ilusión de iniciar algo que nos hace latir rápido el corazón. En palabras de Safransky:

Un nuevo comienzo equivale a una posibilidad de transformación, un acto de libertad. R. Safranski - tuitéalo    

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Iniciar algo es abrir la puerta a las posibilidades. No es de extrañar que quien se compromete a largo plazo suele resentir este déficit de posibilidad. Algo que se traduce en un reclamo por la pérdida de libertad. Claro que, visto de esta manera, habría que distinguir con más calma entre el que no es libre y el que se enfrenta a la necesidad de elegir con su inevitable carga de renuncia. Elegir es pasar por el angustioso cuello de botella que da a luz una circunstancia determinada. ¡A nuestra propia circunstancia! Atrás quedan las opciones, pero eso nada dice con respecto a las que se han de abrir delante de nosotros. La condena a la libertad es más que un juego de palabras existencialista. Es el enunciado que nos dice que el inicio tiene la marca mortal de la meta. Hemos de decantarnos por algo si queremos avanzar en el camino y cada paso da forma a nuestra vida. Pagamos el precio con la pérdida de posibilidades, pero la ganancia está en la singularidad de nuestro camino. Incluso el adicto al inicio, el que elige emprender una y otra vez, define su circunstancia con una renuncia.

¿Quién es el adicto?

Cabría hacer unos cuantos matices en relación a la misma palabra adicción. Su relación con el mundo de las drogas puede tenerla un poco devaluada y puesta en el cajón de las malas palabras, pero su historia nos habla de otras posibilidades. La adicción refiere a una inclinación, entrega y  dedicación por algo. Hablamos de adicción al trabajo o a una determinada comida y no con ello queremos decir lo mismo que una adicción a las drogas. Ahí donde se da un cuidado completo, una entrega total, bien puede hablarse de adicción sin que por ello se dé un sentido peyorativo a la palabra. La dependencia no está puesta de entrada en la adicción. Bien puede tratarse de una entrega total de manera voluntaria y cuidadosa. Trazar la línea entre el dependiente y el dedicado es donde el juego se pone interesante.

El adicto es el entregado y no siempre el dependiente. - tuitéalo    

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La entrega ciega y la sensación de deuda pueden ser elementos que ayuden al contraste. Ser capaces de ver y estar en paz con las propias razones para elegir un determinado camino y poner en él todo el entusiasmo puede ser una forma de adicción saludable. Por el contrario, quien es incapaz de ver los riesgos, de escuchar las señales del camino o percibir los peligros que se acercan y marcha obstinado porque de lo contrario se sentiría en deuda (hasta consigo mismo), estaría en el caso de un adicto dependiente. En el caso de la adicción al inicio habría que preguntarse por el grado de ceguera que hay en torno a esta entrega total a un constante iniciar que no encuentra su fin. Si es la elección que libremente ha de definirnos o si, por el contrario, hemos entrado en un bucle con ángulos ciegos. Cada uno ha de recorrer el propio camino.

El aroma del eterno comenzar

El inicio desprende entonces un aroma a libertad. Comenzar algo es igual a una descarga de emociones que nos llena de entusiasmo. El arrebato del comienzo puede resultar adictivo: nos dedicamos a él en cuerpo y alma sabiendo que ha de pasar, que llegará un momento en que la marea nos invite a navegar de una manera más contemplativa. Cuando llega ese momento la serenidad podría inquietarnos. ¡Qué pase algo! ¡Necesito un cambio! “Qué se caiga el techo de mi casa un rato”, como dice el poeta Sabines. Se emprende entonces de nuevo la aventura del inicio, y otra, y otra vez. El aroma es irresistible. Es curioso que incluso en esta dedicación al comenzar se den momentos en que se anhelan los anclajes.

El aroma del eterno comenzar nos acompaña en el viaje de la vida. - tuitéalo    

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Puede pasar entonces que el viajero dé un vistazo al paisaje y vea entonces que el inicio ocurre en un lugar, que tiene también su circunstancia. El aroma del inicio es siempre familiar, es ese aroma a mar que reconoce todo buen marinero. Puede que entonces comprenda que su elección ha sido la de hacer del mar su casa, su anclaje, su constante. Será entonces parte de la adicción al inicio de manera libre. Podrá entregarse a la aventura sin remordimiento. Puede que hasta decida bajar del barco y mire hacia él con profundo agradecimiento por lo vivido. La brisa del mar le acompañará siempre en la sonrisa, el canto de las olas será parte de su día y los colores de la inmensidad seguirán en el horizonte. El adicto al inicio puede, quizá, descubrir nuevas maneras de comenzar un camino.

 

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