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Con el año nuevo llega siempre un periodo de reflexión. Quizá uno llegue a mirarse al espejo y decir como Oscar Wilde: “Discúlpeme, no le había reconocido: he cambiado tanto”. Estamos obsesionados con el cambio. Moverse, seguir adelante, rápido que la vida es corta. Vivir es prácticamente un sinónimo de sumar una experiencia y otra y otra. No es de extrañar el auge del mindfulness como una forma de saltar de la corriente que nos empuja hacia delante y enfocar por un momento el aquí y el ahora. Ya la escuela de Paul Watzlwick nos lo enseñaba: el cambio está sobrevalorado.

No quiero decir que en la vida no haya que sumar experiencias o que sea necesario entrar en un periodo de inmovilidad y pura contemplación. Lo que quiero decir es que este año nuevo puede ser la oportunidad de dejar de valorar positivamente solo aquello que nos ha hecho dar un paso hacia delante. Saborear la vida implica apreciar en ella tambíen lo amargo o incluso el sinsabor. Los propósitos de año nuevo no tienen que ser siempre metas que nos lancen a una carrera desenfrenada. Somos seres complejos, seres que buscan gestionar sus mierdas de la manera más eficiente posible, como dice mi buen amigo Víctor Amat. Así que este año nuevo puedes aparcar el cambio y darte un aplauso por tus gestiones sea como sea que haya quedado la balanza.

Un cuento de año nuevo

Para cerrar el año quiero contar una breve historia. Se trata de una chica que vivió al máximo. Llevaba en la sangre una fuerza vital difícil de domar. Su modo de conocer y abrirse al mundo era el de lanzarse a hacer, el de seguir el impulso. Ya habría tiempo de arreglar las cosas. Aunque en realidad cada paso que daba estaba acompañado de la certeza de que se trataba del mejor de los pasos posibles. ¿Qué puede salir mal cuando uno no supera los 15 años? El amor, por supuesto, tocó pronto a la puerta. Era uno de esos que llega para tatuarse en la piel. Podemos cambiar, sí, pero hay cosas que se quedan con nosotros para siempre. La mayoría suelen ser rostros, aromas, sonrisas… Pero siempre son las de otro.

Aprender que la libertad del otro puede llevarle por caminos donde no podemos seguirle le costó muchas lágrimas. Fue también el pretexto perfecto para montar más de una aventura. La adrenalina es parte de vida, de eso no cabe duda. Su viaje continuó lejos de casa. Aprendió entonces lo que es salir de la comodidad para abrirse camino de verdad por uno mismo. Cosas que no se entienden sino hasta que de verdad es hora de extender las alas y perder el suelo que hasta ese momento dábamos por sentado. No es nada raro. La juventud es un momento en que vemos con ansias hacia el cielo sin saber cuánto podemos llegar a echar de menos la tierra que nos ve partir.

Volar es emocionante, pero siempre echaremos de menos la tierra de la que hemos partido. - tuitéalo    

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Se embarcó entonces en una de las más emocionantes aventuras: la maternidad. Supo desde entonces que su impulso tenía que llevar de la mano a una bella y simpática chispa de vida. Todo proyecto, todo diseño, llevaría desde entonces un nombre adicional. No siempre es fácil. La sed de espacio propio es difícil de gestionar. La montaña rusa de emociones, las decisiones difíciles, las más memorables risas y los eternos abrazos. La vida en compañía es el único viaje que nunca deja de asombrarnos y de regalarnos singulares souvenirs. Pero mientras esto pasa hay que enfrentar el reto del trabajo mientras se sigue soñando con aquel cielo seductor de los años pasados.

¿Puede ser la felicidad un propósito?, se preguntaba. Si lo es significa que hemos de ponerla hacia el frente, proyectarla hacia el futuro. Pero entonces la felicidad nos queda siempre como una meta, como algo por alcanzar. Si la felicidad es un propósito renunciamos en automático a ella. Se dio cuenta entonces de que tomar en sus manos el presente era un mejor camino para colorearlo con eso que llamamos felicidad. Sembró entonces las semillas de lo que poco a poco floreció con éxito. Claro que también ha habido malas cosechas. Pero ahora sabe reír de ellas y aceptarlas también como suyas. Se sabe acompañada y va forjando poco a poco nuevas aventuras. Porque el propósito está en el futuro, pero se saborea desde el presente.

Un saludo familiar

Ya imaginarás que la historia tiene un rostro. Aquí huele a año nuevo y eso no puede ser otra cosa que el aroma de familia. Esa chica aventurera es mi hermana. Su presencia me visita para llenarme el pecho de orgullo. Sé que ha culminado con honores un camino académico, aunque todavía se plantea añadirle el último tramo. Su sed de aventura es un ejemplo. Lo prohibido le llama. Ahí donde encuentra un no frunce el ceño, signo distintivo de la familia, y comienza a buscar la manera de darle la vuelta hasta encontrar un sí. Dulce tenacidad de un eterno aprendiz. La rebeldía adolescente se transforma de pronto en un actitud vital que rompe paradigmas. Por eso ella es hoy un ejemplo de madre, de trabajo, de aprendiz y de enseñante. Mi mejor deseo, querida hermana, es que sigas sumando facetas sabiendo que el cambio no es una obligación sino una consecuencia de vivir como mejor te parezca.

Llevamos en el cuerpo signos innegables de familia. - tuitéalo    

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Propósito de año nuevo: pintar cada reto con el color de la tenacidad de mi hermana. Esa que ha emprendido aventuras tan maravillosas como la maternidad y ha seguido cantando, sonriendo y disfrutando de sí misma. Lo sé, tengo una enorme fortuna al contar con ella. Así que, mis queridas y queridos lectores, les deseo que este año que está por comenzar cuenten en su vida con alguien tan maravilloso como ella. Si tienen ya alguien en mente no pierdan la oportunidad de abrazarlo aparcando la carrera del cambio y disfrutando como nunca ese cálido presente. ¡Salud!

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