¿Cuánto tiempo se necesita para asimilar un hecho como el atentado de La Rambla? Hablar de tiempo es siempre peculiar aunque inevitable para la condición humana. Trece vidas se apagaron en un instante en un paseo donde siglos atrás corría el agua que habría de encontrarse con el mar. La Rambla y su historia desembocan en la ironía: su nombre se debe al término árabe para arenal. Después el término pasó al catalán y se quedó impregnado en una de las principales venas de la Ciudad Condal. Lo que antes fue una riera ha sido durante los últimos años un río de rostros que no desentona con la famosa sentencia de Heráclito: “A quienes  penetran en los mismos ríos aguas diferentes les bañan”.

El mundo árabe, como se le suele nombrar, es un conjunto de 22 países que tienen en común la lengua Árabe y pertenecen a la Liga Árabe. La religión mayoritaria es el Islam, pero no la única. Por lo que hay que tener bien claro que los términos mundo árabe y mundo musulmán no son sinónimos. Como lo expresa el sitio Entrefronteras: “una quinta parte del mundo es musulmana pero tan solo una quinta parte de los musulmanes son árabes”. Sirva esto para hacer importantes distinciones en un tiempo de verborrea incontrolable. Sin duda el primer paso para poner en su sitio cada uno de los elementos de esta triste historia de final violento.

La condición humana: entre las leyes y el credo

En estos días los términos árabe, musulmán, islamismo y yihadismo se confunden en total promiscuidad en textos y comentarios. Son parte del gran conjunto de conceptos del Islam como una de las grandes religiones, pero los matices son fundamentales. Ya hemos dicho que la denominación árabe tiene que ver con una cuestión de lengua. El término musulmán, por su parte, refiere a los creyentes del Islam, árabes o no. El islamismo, por otro lado, es una corriente más radical dentro de este credo religioso. Su idea es que la vida política debe regirse también por los preceptos del Corán. El islamismo o islam político defiende la idoneidad de un código penal y civil acorde con la palabra sagrada.

La ley y la religión se relacionan con la conducta de manera diferente. - tuitéalo    

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La condición humana tiene dos ámbitos fundamentales para regir su conducta: la ley y la religión. La primera tiene la capacidad de regir en la conducta externa y en el ámbito comunitario. La segunda, por su lado, ha tenido la función de llegar ahí donde la ley no puede, a saber, a la vida interna del ser humano. La religión marca unas normas y pautas de conducta en un diálogo con la conciencia. - tuitéalo     Claro que hay implicaciones comunitarias, pero su fundamento es el de estar ahí donde la ley es completamente ciega. El islamismo, por tanto, borra esta frontera y lleva la religión al espíritu de la ley. Esto, si bien muy cuestionable por sus consecuencias prácticas, no es suficiente para explicar el salto a otro subconjunto de individuos que llevan la creencia a la más radical de sus expresiones.

Sirvan las palabras de Oscar Brenifier para indicar un camino de reflexión con respecto a este interesante tema:

A menos que uno sea capaz de violar la ley de algún modo, ésta sólo será el reino del terror, puesto que ninguna ley -moral o legal- puede ser absoluta. Por lo tanto, deberíamos aprender a respetar la ley, aprender a quebrantarla y fundamentalmente aprender cuando cada caso es apropiado y necesario. (Oscar Brenifier, Filosofar como Sócrates)

La sombra del Islam

Como todo aquello que acontece dentro del mundo de lo humano, a lo más bello y luminoso del Islam le corresponde también su parte de sombra. Así como el mundo cristiano tiene en su historia episodios tan sombríos como la Inquisición, el mundo musulmán tiene que lidiar con una corriente radical que hemos dado en llamar yihadismo.  El término árabe yihad, sin embargo, refiere a un esfuerzo por lograr una mejoría individual en el marco de la fe musulmana. Ha sido Occidente quien ha identificado su sentido con la radicalización de la guerra santa que nos lleva a episodios funestos y completamente inadmisibles como el de La Rambla. Pero seamos claros: este tipo de actos son perpetrados por una minoría dentro de una creencia religiosa que, además, interpreta de su muy particular manera el sentido del esfuerzo para alcanzar la perfección; así como la defensa de sus usos y costumbres.

Todo lo humano suele tener una dimensión de sombra que demanda reflexión. - tuitéalo    

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Confundir la sombra con el resto de las expresiones del Islam es un absurdo peligroso. Cabe recordar que todavía más allá de la creencia religiosa, detrás de ella, está la condición humana. Más allá de grupos y sus expresiones está la capacidad del ser humano de interpretar, de dar sentido a su existencia y decidir de acuerdo a este ejercicio personalísimo. Ante lo desbordante de una tragedia como la de La Rambla estamos siempre tentados a buscar grandes explicaciones. La religión, la lengua, la política, el sistema… Todas entidades que no hablan por sí mismas, que no son sujetos de responsabilidad. Es así que la sombra se convierte en un monstruo de muchas voces entre las cuales es muy sencillo caer en la tan humana generalización y perder de vista las perspectivas más moderadas, sensatas y abiertas al diálogo. Cada uno tiene sus propios demonios.

La condición humana y la libertad

El único que puede responder de verdad a la tragedia es quien puso sus manos sobre el volante. Ese individuo que ha elegido libremente abrazar una interpretación radical e intolerante. No hay que correr a señalar un credo porque éste nada es sin sus fieles. Es el autor material del acto terrorista el único que puede dar razones. Mismas que hablarán únicamente de lo que él ha tomado para interpretar el mundo, para dar sentido a sus pasos. No corramos a generalizar esa voz con la de todo un pueblo y una religión. Hay un grupo que responde a este tipo de razones, sí. Pero nadie más que ellos deben responder por la atrocidades cometidas. La ley y la humanidad les llama a ellos a dar cuenta de sus decisiones. Al resto del conjunto del mundo musulmán se le debe respeto y, si se quiere, sana curiosidad por conocer mejor las maravillas culturales e intelectuales que han dado a la humanidad. Como el nombre de La Rambla, por ejemplo.

La libertad no responde persiguiendo sino comprendiendo con amor e inteligencia. - tuitéalo    

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Perderse en los señalamientos a las grandes estructuras es caer en el error de perseguir fantasmas que, como ya hemos visto, cambian de rostro con gran facilidad. Seguir ese camino nos pone frente a dilemas como el de la decisión entre la libertad y la seguridad, entre el respeto a los otros y la defensa de lo propio. El gran éxito del terror no es el miedo sino la polarización que es semilla del caos y el conflicto. El terror encuentra la manera de perpetuarse. Muestra el más crudo de sus rostros para que nos apresuremos a perseguirle. Con cada herida que se le hace sonríe porque sabe que ha logrado su cometido: justificar su siguiente paso. Creemos entonces que defendemos nuestra libertad cuando en realidad hemos caído en su trampa. Ya no actuamos por libre elección, sino que reaccionamos y es así que se consigue condicionar nuestros pasos. La libertad, frente al terror, erige el estandarte del amor y la inteligencia. El amor para el cuidado de uno mismo y los cercanos, para crecer frente al desafío. La inteligencia para la protección de lo común y compartido, para actuar con prudencia y hacer lo justo.

La Rambla y el corazón de Barcelona

La palabra árabe tiene en su etimología el desierto. Rambla, como hemos dicho, es un nombre para el arenal. Lo acontecido es, en efecto, una trampa de arena, una tormenta que dificulta la visibilidad, un paisaje ideal para la desesperanza. Pero en el silencio de este desierto, en las baldosas de este arenal, late el corazón de una ciudad. Justo cuando los medios se deleitaban con el absurdo término de “turismofobia” los ciudadanos de Barcelona han dado una lección más de su calidad cívica y humana. Abrieron sus puertas para quien lo necesitara. Ofrecieron su sangre para que nadie sufriera por falta de ella. Gritaron en contra de la intolerancia en cualquiera de sus formas. No importa la nacionalidad, no importa de dónde se venga, lo humano mostró en Barcelona ese inmenso y cálido rostro que ningún ataque será capaz de borrar.

Por La Rambla corre hoy la diversidad de lo humano. - tuitéalo    

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Un día después el minuto de silencio fue un grito imponente. La Rambla es un lugar de encuentro para la diversidad y nada podrá arrebatarle esa condición. La Rambla es el corazón de Barcelona porque por ella corren las diversas expresiones de la condición humana. Es y será siempre un recordatorio del gran corazón de una ciudad acostumbrada a abrir los brazos al mundo. Una ciudad que sabe muy bien lo que implica defender lo propio, sus costumbres, su lengua, sus espacios. Pero que no por ello ha dejado de ser punto de encuentro para lo diverso. Barcelona sabe lo que es la tensión que genera la convivencia y ha encontrado las mejores vías para dar cobijo al extranjero sin abandonar por ello su identidad. Hoy La Rambla sigue viva junto con el recuerdo de los caídos a quienes debemos todo el respeto.

“A quienes penetran en los mismo ríos aguas diferentes les bañan”. Pasear por La Rambla seguirá siendo un recordatorio de la diversidad que convive en el rostro de lo humano. Una muestra de los distintos caminos que hay para configurar una identidad. Bienvenido sea el diálogo, bienvenida sea la calidez de las personas que hacen de esta ciudad un puerto donde más allá del comercio se intercambian historias de profunda humanidad. Nada puede arrebatarnos eso. Queda en nuestras manos sembrar el amor, el respeto y la tolerancia que harán que en el futuro siga brillando la esperanza. Mientras tanto las imágenes del día después nos recuerdan que Barcelona siempre florece y su variedad de colores nunca se apaga.

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