Hola querida amiga, querido amigo. Hace tiempo que no hablamos cara a cara y en un tono más personal. Por fortuna hoy se abre este espacio para encontrarnos justo cuando el año comienza a dar sus últimos pasos. Es curioso que el final vaya de la mano de una reflexión en torno a los otros, a lo que compartimos. El camino recorrido nos hace pensar en cada una de las estaciones con todos sus aromas, sabores y emociones. Esa es la magia de la colaboración: construir un sendero que nos llena cuando ha llegado el momento de recordar. Pero, como ves, no hay colaboración sin esfuerzo y sin los otros.

Heidegger hablaba de la estructura del cuidado como uno de los elementos propios del ser pensado en sus determinaciones más íntimas. Procurar el cuidado, no obstante, podría ser la respuesta a una determinada forma de ser. Déjame ser más claro. Hay muchas maneras de cuidar de… y cada una está modulada justamente por quien procura el cuidado junto con su particular cúmulo de circunstancias, por decirlo a la manera de Ortega. La forma en que manifestamos el cuidado está culturalmente determinado y adquiere rostros particulares y muy diferentes. Lo maravilloso es que cuando nos encontramos los unos con los otros la magia de la colaboración adquiere una sola forma: el cuidado del otro o la generosidad. Claro que aquí siempre cabe la pregunta por el grado de egoísmo que se esconde detrás de este dar constante.

La magia de la colaboración y el yo

El cuidado también puede ser visto como forma de mesura, un acto calculado donde hay poco espacio para la improvisación, para los momentos en que la vida, siempre imprevisible, se hace presente. Tener cuidado es ir de puntillas sobre el tiempo. - tuitéalo     Pero hay siempre una razón para moverse de esa manera en el espacio y eso implica tomar una decisión en el cuidado se manifiesta como preocupación o prudencia. ¿Cuál sería en cambio la estructura del riesgo? ¿Cómo sería un ser marcado por la apertura? Sin duda sería uno que no solo vive en el mundo sino que hace mundo. Uno que busca la autenticidad en cada una de sus disposiciones afectivas, en cada punto de contacto con lo vivo.

El cuidado no es mera precaución sino auténtica apertura. - tuitéalo    

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Hacer mundo es, en efecto, una manera de este tipo de apertura que se arriesga a no solamente al mantenimiento de relaciones ya existentes, sino que, con la fuerza de estos mismos apoyos, se aventura a la construcción de nuevos puentes, de nuevos lazos, de nuevas relaciones. Es así que uno puede ser el cambio que el mundo necesita: no a través del cuidado que va de puntillas sobre el mundo, sino del riesgo que abre nuevas posibilidades para el cuidado. Cuidar del otro como no lo habías pensado antes, como lo necesita y no necesariamente como lo espera. El riesgo implica descubrir sabiendo que recorres un camino compartido. Es desde ahí desde donde el yo y los otros pueden encontrar un horizonte común para hacer posible la magia de la colaboración. El cuidado auténtico no conoce límites, es una apertura constante a la experiencia compartida. - tuitéalo    

Energía para el cambio

La dynamis, la fuerza del movimiento, es la que mantiene abierta la puerta de la autenticidad. Lo estático no tiene futuro, porque el futuro es un siempre ir hacia delante, un no detenerse que es irremediablemente propio. ¿Cómo delegar en otro la propia autenticidad? Esta cuestión es tan paradójica como la de la libertad en Sartre: estamos condenados a la libertad. Delegar la propia autenticidad en otro es ya una elección que abraza la paradoja de hacer de la inautenticidad tu propia autenticidad. Es abrazar la opción de dejarse llevar como forma propia que, no obstante, nos pone en el corazón de lo impropio. Por eso cuídate, cuida a los tuyos, pero arriesga.

Sin actos no hay realidad y lo posible muere en la oscuridad. - tuitéalo    

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Mantén los brazos abiertos y recibe así lo imprevisto. Muévete, explora los senderos más misteriosos. Si todos los caminos conducen a Roma lo único que queda por hacer es andarlos. Las posibilidades, si lo ves con atención, ya están ahí. Pero sin nadie que transite por ellas es imposible darles actualidad. Mira qué curiosa palabra. Sin actos no hay realidad, no hay forma de que lo posible vea la luz del día. ¿Qué hay ahí afuera que necesite un poco de luz? ¿Crees que puedes dársela? ¿Estás listo para hacer un poco de magia?

El riesgo es la esencia de la magia de la colaboración

Arriésgate, puede haber más de una sorpresa en esa zona del misterio donde ahora nadie se atreve a mirar. Lo mejor que puedo desearte es que explores, que andes todos los caminos posibles y que aprendas mucho con cada detalle. Que la apertura, la estructura del riesgo, sea una estrella guía que te mantenga siempre en movimiento, siempre dinámico, siempre listo para conquistar nada más y nada menos que tu propia autenticidad. El camino, no tengo ninguna duda, estará lleno de estaciones donde la magia de la colaboración te rodeará de las personas más indicadas para ti. Algunas serán un reto, otras serán un apoyo. Pero al final, ahí cuando miramos hacia atrás para recordar el camino, seguramente verás que la imperfección es una máscara que usa la felicidad para hacerte un guiño. - tuitéalo     ¿Qué camino quieres intentar hoy?

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