Los votos y sus consecuencias han ocupado las primeras planas en los últimos días. Primero el resultado del famoso Brexit que ha sacudido los cimientos mismos de la idea de Europa. No ha habido tiempo para pensar las consecuencias de esta histórica decisión cuando la voz de los votos nos volvió a sorprender pintando de azul el mapa español. Pronto nos llenamos de lecturas, de interpretaciones, de constantes intentos por explicar lo que nos resulta completamente increíble: ¿por qué una decisión tan temeraria como la que toman los ingleses? ¿Cómo es posible que se vote tanto a un partido que acaba de ser exhibido en sus malas prácticas? La agenda política está más viva que nunca y con ella aparecen temas que ponen al descubierto las verdaderas prioridades de lo humano, así como lo complicado que es administrarlas.

Las primeras lecturas resaltaban la distribución de los votos de acuerdo a los segmentos de edad. Son los mayores los que quieren abandonar Europa y son esos mismos los que creen en su mayoría que el PP es una buena opción de gobierno a pesar de todo. Una segunda perspectiva se fija en el porcentaje del silencio, en el reverso de los votos que es la abstención. Los que han preferido no votar también forman parte importante del escenario final, aunque hay que decir que ni adultos mayores ni la abstención deben confundirse nunca con causas únicas del resultado. La política es un juego de contrapesos donde no siempre hay un claro ganador. - tuitéalo     Hace unos días hablamos de la ceguera del número, hoy ese fenómeno se vuelve sumamente relevante porque en política se hace presente con mucha frecuencia y puede llevarnos a tomar el todo por la parte.

Los votos de los unos y los votos de los otros

Los votos indican el sentido de una voluntad fragmentada. - tuitéalo     Cada opción elegible es una cuerda más para tirar de eso que se conoce como voluntad general. Mientras más se tienen más son las direcciones posibles, más los caminos que se pueden recorrer. Quizá por eso buscamos agrupar de manera sencilla entre derechas e izquierdas. Los matices son importantes a la hora de abanderar una causa, pero pasada la batalla podemos cansarnos de leer aquí y allá la simplificación del proceso que buscando determinar si ganaron los buenos o los malos. El gobierno, al final, es encabezado por los unos en diálogo más o menos necesario con los otros.

En el caso de la elección de España es claro que hay una gran fuerza que cree que el color azul es el que puede llevar las riendas del gobierno, pero el error está en volverse ciegos a que más de la mitad prefiere algo distinto. La verdadera mayoría no quiere el azul, pero tampoco es unánime en relación al matiz que quiere dar a las cosas cuando se trata de pensar en una alternativa. Esa es la gracia de la vida democrática, pero también uno de sus defectos. ¿Significaría esto que solamente otorgando una mayoría absoluta puede gobernarse? Una tercera elección lo confirmaría.

La lógica de ganadores y perdedores pierde de vista la riqueza del matiz. - tuitéalo    

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Algo mucho más dramático ocurre con el caso de los ingleses: 51,9% contra el 48,1%. Una diferencia menor a los 10 puntos porcentuales debería poner a pensar a los electores mismos sobre la pertinencia de repetir el ejercicio. Es evidente que la decisión no es menor. Las consecuencias de la salida de la UE van mucho más allá del presente, de manera que es indispensable un ejercicio responsable que es difícil de conseguir cuando el panorama está tan cerca del 50/50, es decir, cuando se espera que llegue una decisión salomónica. El principal error es quedarse en la lógica de ganadores y perdedores que deja muy rápido en la sombra a los millones que piensan diferente. Cuando la pregunta es simplemente sí o no es menester contemplar mecanismos alternativos que aseguren que quienes se vean en minoría no queden por ello en indefensión.

El proyecto de Europa se ve seriamente cuestionado y los nacionalismos con su sombra xenófoba siguen alzando la mano por todos los rincones, de ahí que un ejercicio así no pueda tomarse a la ligera ni darse como culminado cuando no hay una clara mayoría. Ni aplausos ni condenas, sino mucha reflexión. Como bien dice Jesús Silva-Herzog: es necesario reconciliar el número y el afecto. Para conseguirlo hay que dejar de lado triunfalismos y victimismos para sentarse a pensar con los codos bien puestos en la mesa lo que dicen tanto los votos de unos como los de otros y los caminos que se abren para ambos.

Los votos y su reflejo

Los resultados no han dejado de ser sorpresivos en ambos casos. La pregunta compartida está muy clara: ¿cómo ha sido esto posible? En el caso británico se puede hablar tanto de un golpe de autoridad en defensa de la autodeterminación, pero en ese mismo golpe se encuentra una defensa nacionalista que sigue siendo una peste en la historia de la humanidad. La tensión entre lo global y lo regional no se va resolver cerrando o abriendo fronteras. Las fichas, lo sabemos bien, se mueven en el terreno económico que lanza dulces aromas a las tierras menos favorecidas pero cierra las puertas en cuanto los desdichados asoman la cabeza. Es un juego cruel que no tiene un claro reflejo en la votación en turno, es decir, que hay que pensar muy bien si la autonomía y los ideales del nacionalismo tienen un valor mayor. Asunto que, evidentemente, no puede decidirse en una pregunta tan cerrada.

Auténticos monstruos pueden refugiarse bajo la sombra de las mayorías. - tuitéalo    

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Por el otro lado tenemos la incredulidad ante una victoria del Partido Popular. Las voces de decepción se escuchan por todos lados. La democracia no es el gobierno de los mejores ni tampoco el que garantiza buenas decisiones. Es una forma de organización que busca poner el poder en la mayoría, pero nada más. El problema es lo que puede llegar a resguardarse bajo la sombra de las mayorías. Es por eso que el sistema político debe contar con los elementos para contrarrestar los vicios de la noble democracia. Aquí, sin duda, habría que pensar como Leibniz y decir que, a pesar de las apariencias, estamos en el mejor de los mundos posibles. Además, habría que recordar lo que ya decíamos: la verdadera mayoría está en el abanico multicolor de los que han quedado en el lado de los vencidos. El verdadero reflejo de los votos está ahí, pero seguimos en un sistema que solamente ve y premia al que llega primero.

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