Mira, es ella. No, a la frase le sobra una coma: mira es ella. La relación entre ella y la mirada no admite intermediarios ni pausa alguna. El ser se desliza directamente hacia su mirar, ella es ese mirar. Nada más hablar de su esencia y las palabras parecen plegarse. Algo no anda bien en su acomodo y el cielo mismo anuncia un cambio intempestivo. Un viento del mágico Kansas lo revuelve todo hasta que las pobres palabras caen en su nuevo sitio: ella es mirada. Eso es lo que en realidad se dice de ella aunque no siempre se sepa, aunque no siempre se escuche.

Recuento de daños. Su andar es sereno, lleva la lentitud de uno de esos prodigios de la naturaleza que nada entienden del cambio que producen con cada paso que dan. Torbellino que hiela la sangre cuando te regala una sonrisa abandonando el horizonte al que normalmente dedica su mirada. ¿Qué sabe el viento de su propia fuerza? - tuitéalo     Él mira hacia el frente, sueña con ir más y más lejos. Juega entonces a correr, a veces le da por girar y otras por volverse agua. Es ella ese viento juguetón, ese al que todos atienden sin remedio y sin saber exactamente las razones.

Pasa entonces que el viento descubre que puede silbar. Hay algo que le asusta cuando se siente escuchado, y sin darse cuenta baja la mirada. Ella es esa timidez del viento, esa que conserva la mágica creencia en que la invisibilidad se encuentra en la propia mirada. Desde esa secreta guarida se echa a reír, pero se cubre la boca porque bien sabemos que la risa del viento es para nosotros una tormenta. Ella es esa lluvia de un viento risueño.

Hay quien dice que el viento es el elemento propio de los locos. Será que la palabra, que es aliento, es siempre la oportunidad de comprobar la ilusión de la razón. La locura es lo único real, lo demás es cosa de una cabeza empeñada en modelar el mundo. - tuitéalo     Por eso ella tiene una relación peculiar con la palabra. Su alma, otra de nuestras tantas formas etéreas, se pasea por los espacios en blanco de la escritura. Quiere ver a su lector, quiere hablar con su respiración. Se aprovecha de su condición y pasea por los pulmones del otro, pero no se contenta. Remueve todo en el interior y se apresura a salir con la primera lágrima que asoma por ese espacio que a menudo confundimos con un espejo. Sabe entonces que la locura es real y sonríe. Ella es la realidad, el viento de los locos.

Su presencia es como un hechizo. No conozco a nadie que pueda decir tanto sin pronunciar palabra. Los ojos le brillan cuando se encuentra entre libros y habla con ellos mientras los mira. Confunde entonces el soliloquio con una manía, pero son las palabras las que están respondiendo a la elocuencia de su mirada. A veces sospecho que es una danza secreta, agazapada a la espera de la primera rendija que se abra en el ritmo de la vida. Otras tantas creo que, como el viento, es un abrazo que se amolda perfectamente a la figura… y la he abrazado tantas veces.

Pasadizo es su mirada. Anuncio, profecía, ¡destino ansioso que no puede dejar de asomar la cabeza en la palabra! Tiempo que se fuga entre los pliegues de una sonrisa. Rápidos de un río de historias, cascada que canta mientras los labios navegan en su cuenco de silencio. Imán de una vieja historia perdida en el laberinto de los soñadores… mira, es ella.

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