Vuelvo a estas muy breves y sencillas reflexiones sobre la actividad en este mundo de los blogs. Lo hago atendiendo a la petición de mi querido amigo el ratón bloguero, Jerby, que está siempre pendiente de la conversación para mantenerla viva. Él sabe muy bien que la comentañía es el combustible indispensable de la red. Es uno de esos amigos que conoce bien la diferencia entre el cómo y el ahora. Sabe que esto es como estar frente a una hoguera muy atentos a la evolución de la madera: cuando hay demasiada ceniza hay que alimentar el fuego para que su calor no nos abandone, pero sin olvidarse nunca de que a nuestro lado hay otros para poder conversar.

Permíteme valerme de esta imagen para adentrarme en el tema que quiero compartir contigo el día de hoy. Contemplar el fuego es fascinante, pero si no se domina el arte de encender una hoguera difícilmente se podrá seguir mirando ese juego de formas que en más de una ocasión pone en jaque al azar. Parece haber un plan en el movimiento de las llamas, pareciera que responden a una voluntad invisible que dice cuándo y cómo han de moverse esos miles de brazos ígneos. Pero lo que llamamos vida es justamente lo que acontece en ese espacio entre el cómo y el ahora, entre la técnica del encendido y el momento de la contemplación. Es ahí donde se abre un paréntesis de tiempo invaluable.

El cómo y el ahora en la red

La red está llena de textos que hablan de cómo hacer esto y lo otro. Cómo ganar dinero sin hacer (casi) nada, cómo tener éxito en el juego de las canicas, cómo perder la mirada en el horizonte… Estos títulos hacen pensar que estamos ante auténticos expertos, ante gente que nada en dinero, que duerme paseando una canica entre sus dedos para dominar la técnica o que se ha pasado horas y horas mirando el horizonte. Pero lo cierto es que nos encontramos ante textos que, si hay suerte, comparten una experiencia muy particular del autor que puede darnos pistas para nuestros intereses. Cuando la suerte no nos acompaña lo que tenemos es un cúmulo de obviedades que nos dejan con las sensación de haber perdido el tiempo.

Entre el cómo y el ahora del instante acontecen los momentos memorables de la vida. - tuitéalo    

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Es verdad que el cómo atrae lectores, pero nos seguimos olvidando de lo más importante: la conversación que vamos a ofrecer a quien nos honra con su compañía. El cómo vende, pero hay que completarlo con un buen conjunto de momentos memorables. No podemos anunciar que haremos el mejor pastel de chocolate de la historia y terminar repitiendo la receta de una de esas cajas de productos prefabricados que encontramos en el supermercado. Quien de verdad sabe cómo hacer una cosa es aquel que ha desarrollado la intuición hasta que es capaz de escuchar en el sonido de la hoguera una voz que pide más madera. En otras palabras, es aquel que puede perder la mirada en el ahora mientras el cómo fluye de manera espontánea. Aquel que enseña sin que nos demos cuenta de que lo está haciendo.

Las hogueras de la red

Cuando las cosas fluyen de buena manera nos olvidamos de que frente a nosotros hay una hoguera, nos podemos concentrar en otras sensaciones y por tanto el mensaje transmitido encuentra un mejor ambiente para quedarse. Dicho de otra manera: lo que ofrecemos como contenido no reemplaza ni substituye a la buena conversación. El contenido nos reúne, pero la conversación nos mantiene unidos. - tuitéalo     De ahí que un buen contenido no es el que nos enseña cómo hacer una cosa, sino el que se demora en el ahora para darnos a entender el cómo de algo.

El contenido es el resultado de un intercambio de propuestas y experiencias. - tuitéalo    

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Demorarse significa aquí tomarse el tiempo para generar algo más que una receta o una lista de pasos a seguir como si todo pudiera reducirse a una fórmula. El contenido se construye escuchando para poder pasar entonces a hacer un comentario: es un intercambio de experiencias y de propuestas. Es este el punto donde se genera una verdadera onda expansiva: el calor de la hoguera salta a otro espacio, a otro rincón de la red donde la conversación seguirá dando frutos. Si quieres hablar sobre el cómo no pierdas de vista el ahora donde éste se despliega y desarrolla. Demórate en los detalles y mantén la conversación sin dejarte llevar por las prisas que en la red tienen muchos rostros.

Indicadores y conversadores

Las prisas se disfrazan de indicadores: visitas, conversiones, comentarios… El arte de la conversación consiste precisamente en la capacidad de demora, en la paciencia que se pone para la escucha de otro que no puede reducirse jamás a una cifra. Esto vale no solamente para quien escribe en un blog, sino para todos aquellos modelos de negocio que buscan sostenerse en la red. Los indicadores son esenciales para detectar áreas de mejora y medir avances, pero no sustituyen a los conversadores. Estamos en red por buscar la compañía, por buscar a otros y esto es algo que no podemos olvidar.

Los indicadores ayudan a mejorar, pero no son conversadores. - tuitéalo    

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Generar cálidas hogueras con los contenidos es sólo el inicio. Reconocer cuándo hay que poner más madera o si el viento favorece el fuego son indicadores que hay que tener presentes, pero eso no garantiza que quien nos acompaña se sienta cómodo como para compartir experiencias y propuestas. Esto se logra cuando somos capaces de demorarnos en el ahora para compartirlo con otros, es decir, cuando somos capaces de guardar silencio, contemplar el instante y hacer de la experiencia algo que se extiende más allá de la propia perspectiva. Es entonces cuando las cosas no se reducen a una fórmula, cuando las personas no tienen rostro de indicadores y podemos disfrutar de una linda comentañía. Si esta hoguera ha dejado alguna chispa anímate, deja un bombón en el fuego y verás que pronto estaremos más cómodos conversando.

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