El dibujo y el horizonte suelen darse la mano para hacer una metáfora que ya resiente cierto cansancio. Pero es que el pobre horizonte no es sino eso: una línea puesta ahí como una eterna promesa, como el dibujo de un imposible. Cielo y mar se tocan sólo cuando miramos de frente y ponemos ahí la expectativa del encuentro. Por eso los propósitos y el horizonte tienen tanto en común. Se miran de frente, se ponen a lo lejos, invitan al viaje y, a veces, sabemos bien que nunca se han de cumplir. Su virtud, de hecho, no está en la realización sino precisamente en esa condición de horizonte que llama una y otra vez al viaje.

No sé muy bien qué tiene el futuro que nos seduce tanto. Será que por no tener nada en él es que tenemos ese reflejo compulsivo de llenarlo, de lanzar ahí todo lo que nos permite nuestro anhelo. Nos sorprende después la realidad, la sorpresiva caída del telón del tiempo que nos hace volver la vista atrás y mirar lo que ha cambiado y lo que, sin saber muy bien cómo, sigue siendo horizonte permaneciendo en el cajón de los propósitos. Este no es un discurso desencantado. Todo lo contrario. Son palabras de fascinación ante esa criatura de comienzos que es el hombre. Un ser que está siempre listo para comenzar incluso cuando la vida le abandona… él quiere otra, él quiere más comienzo.

Los propósitos que hacen la diferencia

Cambiemos de tono para no dar una impresión equivocada. Los propósitos son una manifestación de la poderosa voluntad humana. - tuitéalo     Se trata de una forma del deseo que abre en la constante repetición de lo mismo el hiato de la diferencia. Se da entonces la paradoja de que ahí donde todo parece un ciclo acontece un salto, un cambio, un elemento distinto. Como bien dice Franco Rella: “Proyectar significa construir el lugar de la diferencia, que aquello que es solamente posible se vuelve real”. Esto, curiosamente, coincide con la noción platónica de poesía que es esa capacidad de hacer que lo no es sea.

Hacer brotar la diferencia con los propósitos es una tarea poética. - tuitéalo    

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Sí, hay muchas cosas todavía que son horizonte, pero algo ha levantado ya el vuelo de ese suelo de la repetición para variarse. Los propósitos que no se cumplen siguen siendo invitación al vuelo de la variación. Son combustible de la voluntad, llamado de la ensoñación que al perpetuarse como acto fallido se garantiza la eternidad en la tierra del anhelo. Tienen por tanto su valor y su fuerza en que nos hacen situarnos en la zona intermedia entre lo mismo y lo diferente que se despliega en el horizonte. Nos descubrimos pues en un límite donde lo posible se abre y se cierra una y otra vez: juego de la vida que se extiende en el tiempo.

La poesía, el mundo y los propósitos

Hay entonces cierta poesía en los propósitos. Con ellos arrancamos la diferencia de lo ya dado, de lo cotidiano y siempre igual. Por eso debemos partir de lo que es posible y todavía no es. El cielo parece tocar al mar, esto parece posible a la vista, pero a medida que nos acercamos el todavía no se impone. Estamos ante la verosimilitud necesaria en todo propósito y que nos habla de lo importante que es el diálogo con esa dimensión de lo mismo. La diferencia no nos hace cambiar de patria, no es un abandono de lo ya visto, sino una variación que nos conserva en casa sin ser ya los mismos.

La diferencia es una variación que nos conserva en casa sin que sigamos siendo los mismos. - tuitéalo    

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Esta peculiar forma de pensar los propósitos también nos hace destacar la importancia de esta ficción implícita en lo verosímil. Elaborar la diferencia a partir de lo que se hace como promesa de horizonte es un elemento que orienta nuestro andar, incluso podríamos decir que es algo que motiva el andar mismo. De ahí que los propósitos no sean una mera ficción, sino un elemento que hace y configura mundo permitiendo orientarnos en el mismo. Hacer que lo que no es sea a través de un propósito es marcar la diferencia, abrir mundo interactuando con estas manifestaciones de la voluntad como un elemento más del mismo mundo. Se ve así que la labor poética de un propósito es recrear buscando dar un salto a la diferencia desde el terreno de lo mismo.

Una ética de la diferencia

Hay que mirar de frente para ver el horizonte. Los propósitos están ahí también, son esa promesa que se hace motivando el andar, orientando la acción para llegar a cumplirse. La verosimilitud es fundamental porque no hay quien resista la incertidumbre de un viaje sin destino. Tenemos frente a nosotros lo posible, lo que todavía no es pero que puede llegar a ser. El propósito termina aquí su cometido y deja las puertas abiertas para la decisión. Algo que, como ya vemos, no es para menospreciarse. Dejar cosas por hacer no significa que esos pendientes no hayan cumplido con su función de aliciente y organización. Su incumplimiento, además, no implica la ausencia de experiencias diferentes e inesperadas.

Los propósitos dejan abierta la puerta a la decisión. - tuitéalo    

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Es tiempo entonces de hacer nuestros propósitos sin miedo. Hay que llenar el futuro con nuestro anhelo sin temor alguno al fracaso. Esta primera acción ya modela la diferencia que queremos imprimir con nuestros actos. Es afinar la brújula aunque el viaje siga siendo hasta cierto punto un misterio. Somos seres de comienzos y ahora es tiempo de cargar la mochila con esas semillas de voluntad que habrán de acompañarnos a lo largo de este nuevo ciclo. Sabemos que no todo será como lo pensamos, pero lo que importa es compartir estos buenos deseos, ayudarnos a cumplirlos y abrir los brazos a la aventura buscando siempre marcar diferencia a cada paso. Feliz año nuevo compañera y compañero. Será siempre un gusto compartir horizontes contigo.

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