Inevitable dedicar unas líneas al problema de los refugiados que no dejan de llegar a esta zona del mundo que conocemos como Europa. Aquí resuena una palabrita que podrás leer mucho por este espacio: responsabilidad. La migración como una forma de exilio no es algo que me sea ajeno. El suelo cultural en el que nací es mestizo por doble vía en la medida en que fue objeto de una violenta conquista que impuso sus valores y cosmovisión (hace más de 500 años), y otra más sutil que llega desde el Norte a través de productos culturales vendiendo muy bien la idea de un sueño americano. Mi circunstancia me permite ver los dos lados de la moneda,  pero más allá de eso, me siento obligado a una respuesta porque el problema es humano, demasiado humano.

La fotografía de Aylan Kurdi deja sin aliento y con eso dice más que cualquier discurso. Es, de hecho, un paréntesis en el curso de la vida, un abismo que desafía cualquier tentativa de argumentación: ahí nada puede discurrir, todo se precipita en el silencio. No hay respuestas, no hay razones. Hablar de inhumano parece insuficiente y los adjetivos se agolpan como si escupiéndolos sobre la tragedia se pudiera encontrar un remedio. Al final sólo queda una certeza: esto no puede repetirse. No se pueden escatimar esfuerzos en este sentido, por lo que todas y todos aquellos que hoy tienen poder de decisión para cambiar la circunstancia, aunque sea un poco, encontrarán en esa fotografía el espejo que les llama a responder de manera adecuada. Pero esto, hay que saberlo, no es una cosa sencilla y demanda la atención de todos.

Refugios ante la injusticia

La arbitraria interrupción de la vida de alguien es la expresión más aberrante de la injusticia. La muerte generada por la maquinaria bélica siembra la tierra con cadáveres cuyos frutos son el odio y el resentimiento. ¿Puede haber una guerra justa? La amenaza contra la propia vida trastoca las bases desde donde puede responderse esta pregunta. ¿Qué prácticas culturales son más válidas? ¿Qué dios es el que legitima la desaparición de un ser vivo? ¿En nombre de qué o de quién? La razón y el fanatismo son vecinos, por eso hay que estar atentos para no equivocarse de puerta. - tuitéalo     Ha tenido que llegar una fotografía para ejercer una violencia capaz de despertarnos para darnos cuenta de que dormíamos justo en el lugar que queríamos evitar.

La guerra siembra la tierra con semillas de odio y resentimiento: injusticia sobre injusticia. - tuitéalo    

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Entonces llegan los lamentos, los recordatorios de esos años en los que Europa vivió su propio sueño poniendo un pie sobre el cuello de los países sureños. Un día la opresión encontraría una respuesta, un día los fantasmas que dejan esos juegos bélicos del capitalismo salvaje vendrían a tocarnos la puerta. Quienes padecen las consecuencias de la avaricia y la indiferencia hoy se ven obligados a huir para conservar la vida. Se tiran al mar por montones porque entre dunas y olas no hay ya ninguna diferencia: todo huele a muerte. Por lo menos en el mar hay un horizonte y un leve aroma de esperanza. Hay que levantar los refugios ante la injusticia. Europa está llamada a una acción responsable ante su deuda moral e histórica. - tuitéalo     Pero incluso en este triste contexto hay zorros astutos dispuestos a sacar el mayor provecho.

Refugios, no santuarios

Hay un error, una falacia que es mucho más recurrente de lo que podemos imaginar: hacer de la condición de víctima un pase de entrada directo a la santidad. Quien padece de una injusticia, por más grande que ésta sea, no es de inmediato una buena persona. Es aquí donde los astutos, de ambos bandos, aparecen para sacar provecho de las desafortunadas circunstancias. Hay quien se levanta como defensor de la humanidad y lucha por el derecho de los refugiados a encontrar la tierra prometida: un jardín edénico donde es suficiente con estirar la mano para que todo les sea concedido. La desgracia de perderlo todo y tener que pasar las de Caín para poder vivir un día más merece toda la atención, pero hay que tener mucho cuidado con quienes buscan ganar simpatía defendiendo esta causa y poner mucha atención en el diseño de los refugios.

Necesitamos levantar refugios y evitar a toda costa los santuarios. - tuitéalo    

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No hay que pecar de ingenuos. Por más legítima que sea la deuda histórica y moral que se tiene hay que saber que los refugiados llegan en un momento muy delicado. Europa es un hervidero donde los movimientos ultra nacionalistas y xenófobos no han dejado de aparecer. La sociedad está cansada de un pesado aparato estatal que es cada vez menos eficiente para responder a la demanda de trabajo y para seguir en el camino ideal de un Estado de bienestar. De aquí que el diseño de los refugios exija la máxima de las atenciones si no se quiere resolver un problema generando otros tantos. ¿Cómo evitar la formación de nuevos guetos en las ciudades europeas? ¿Cómo lidiar con la integración de los recién llegados respetando los derechos humanos esenciales? ¿Como evitar que los refugios se conviertan en santuarios para la impunidad y la explotación? - tuitéalo     ¿Cómo integrar a miles de personas, que muy probablemente no volverán a su país de origen, en un contexto que tiene ya otras tantas en el paro? La respuesta adecuada, como se ve, no es nada sencilla.

Habría que recordar la definición de refugiados que la ONU propone donde nada se dice sobre la permanencia de éstos en los países de acogida. ¿Cómo disolver el justificado temor que los ha alejado de su país de origen? Los refugios, muy probablemente, terminarán siendo una nueva patria para muchos de aquellos que han logrado superar el viaje. La definición dice lo siguiente:

Un refugiado es una persona que ha abandonado el país de su nacionalidad y no puede regresar a ese país por un temor bien fundado a la persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social determinado u opinión política.

Prolegómenos para la edificación de refugios

La situación es muy delicada: no se puede ser indiferente ante la injusticia y lo inhumano, pero tampoco se pueden tomar decisiones a la ligera. Hay que saber que el problema no es exclusivo de una región del mundo y que Europa ya tiene bastante con los problemas internos. Esto no quiere decir que se deba negar el refugio, sino que la obligación de darlo supone un necesario debate desde la base social que será la que acoja a los refugiados y, por otro lado, la disposición de otras naciones más allá de las fronteras de Europa para dar cobijo a las víctimas de la injusticia. Lo segundo es bastante claro, por lo que habrá que decir un par de cosas con respecto a lo primero.

La distribución de los refugiados, en primera instancia, no puede limitarse a cifras. No es más bondadoso quien tiene los refugios más grandes, hay que evitar la falacia. Se trata de pensar en la capacidad que tiene una sociedad para recibir a familias con su propia historia, a personas que han pasado por una experiencia traumática. El consenso desde la base social y un plan de acción que parta de la célula misma de la vida política, el municipio, será indispensable para hacer una distribución que garantice una integración efectiva de los refugiados. Ellos tienen derecho a ser recibidos, pero hay que cuidar que quien los acoge tenga las condiciones y la disposición de manera que la comunidad no se convierta en un zona de conflicto entre un santuario de impunidad y los “nativos” de la ciudad.

Consenso social y transparencia en la integración laboral: los pilares del refugio. - tuitéalo    

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Un segundo punto importante es el de la integración a la vida laboral. De manera particular pienso en el riesgo de que los refugiados pasen a ese grupo de personas que trabajan en la clandestinidad bajo el manto de supuestos protectores que tienen la extraña habilidad de encontrar los puntos ciegos y flexibles de la ley. No estamos ante un grupo de inmigrantes ilegales, por lo que bien podría generarse una nueva casta que llame la atención de quien hace negocio con la desgracia de estas personas. La transparencia en este punto es crucial para evitar que aquellos que hoy parecen grandes humanitarios mañana cambien la bandera para señalar a la inmigración como la causa de la falta de empleo. Para obtener votos los escrúpulos no son una muy buena compañía, así que lo mejor es que desde el inicio la transparencia evite el encono y favorezca la integración.

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