Fue Heráclito de Éfeso quien vio en el río una imagen reveladora: poner un pie dentro es dejarse bañar por aguas diferentes sin salir del mismo río. El nombre de las cosas captura el movimiento de lo que en realidad siempre discurre. Instantáneas de un perpetuo andar en las que nos colocamos cómodamente como amos y señores del lenguaje. Si es que el tiempo es como un río podemos decir que, una vez que hemos puesto un pie dentro, estaremos expuestos al cambio constante de las aguas hasta salir de nuevo, en la hora de la muerte, para contemplar entonces el caudal de lo que llamamos vida.

Por su parte, Borges, en dialogo con Platón, nos dirá: “en las letras de ‘rosa’ está la rosa y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo'”. Vaya responsabilidad la de la palabra. En ella se encierra una realidad móvil, una imagen que no es una mera ficción (dicho así por descartar el sentido peyorativo de la palabra) sino la representación sintética de la cosa y la historia de nuestro encuentro con ella. Sensación, emoción, aroma, esencia: la palabra está ahí como evocación de la vida. - tuitéalo     Con el lenguaje sacamos cuentas de lo vivido, de las aguas que nos bañan y entonces contamos la historia.

Nada como la imaginación para acompañar a la matemática y a la literatura. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Contar, en efecto, es una acción matemática y literaria. Quien suma reúne personajes en una secuencia, y dependiendo de los conectores que nos proponga, el desenlace será uno u otro. Pero cada número tiene su propia historia. El cinco es la consecuencia de la reunión de unidades amistosas, de la unión de don Dos y doña Tres, de la trágica división de Diez o quizá del beso robado del pícaro Cuatro a la bella Uno. La ficción literaria no está muy lejos de la abstracción matemática. - tuitéalo     Ambas beben de esa fuente de la imaginación que nos permite hacer el recuento de nuestros juegos en las aguas del río.

Del cuento a la narración: Sísifo y Arnau Vilardebò

Superado el momento del recuento, teniendo los balances de las experiencias, podemos entonces dar el paso a la narración. Contar y narrar se parecen, pero no son iguales. El que narra sabe ya la historia, tiene en sus manos los hilos, conoce los puntos en donde se anudan y lo que con ellos se mueve. Y digo manos porque los labios no carecen de falanges y vaya si saben de caricias. - tuitéalo     Aquí están ya las palabras clave para marcar la diferencia: saber y conocer. El recuento es dejar caer sobre la mesa un saco de historias, pero el que narra sabe ya lo que les une e intuye el mensaje más o menos oculto en esa azarosa caída.

Saber y conocer: el paso del cuento a la narración. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Arnau Vilardebò tiene el cuento. Toma el mito de Sísifo para presentarnos sus elementos con cuidado. Nos ubica en el mapa y repasa con guiños el árbol genealógico. Comienza a sumar hechos para intentar comprender la cuantía de la deuda. Una vez que las cifras están claras el castigo se vuelve un poco más comprensible, las cuentas parecen estar correctas aunque todavía haya quien mire con desconfianza y detecte un aroma a desmesura en el actuar de los recelosos dioses. Después del cuento viene la pregunta que transforma todo en narración: ¿por qué? La necesidad de encontrar sentido nos sumerge en las aguas de la historia para buscar en sus entrañas las pepitas de conocimiento que brillan en el fondo. Arnau saca cuentas y pinta el cuadro con maestría. Pero, como siempre, el momento de poner el marco es crucial: sin él no conocemos el alcance de la obra, su inicio, su fin y, en suma, su lugar.

Volver a empezar, volver a empezar

El río de Heráclito es una buena muestra de este eterno volver a empezar que, en el caso de Sísifo, es una condena. No es lo mismo imaginar el tranquilo sonido del agua avanzando sin cesar que la roca que habrá de llevar el rey de Éfira una y otra vez. Pero lo cierto es que el camino no es siempre el mismo. El eterno retorno de lo idéntico es precisamente la roca que vuelve siempre al punto de partida. De nuevo la cumbre ante el condenado, de nuevo la subida que espera. Pero con cada repetición algo cambia, algo se renueva en lo que parece una imagen inmóvil en el tiempo. Sísifo no sale nunca del río de su castigo, pero las aguas que le bañan no son siempre las mismas. La tarea, entonces, es la de abrir los sentidos al encuentro con las más sutiles variaciones en lo que se presenta con la apariencia de lo idéntico.

El rostro de lo idéntico esconde sutiles variaciones. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Arnau Vilardebò retoma la famosa frase de Albert Camus que invita a imaginar a Sísifo feliz. La lectura existencialista no podría ser de otra manera: estamos condenados a la libertad, nuestro hacer es lo que define nuestra esencia. Cada vez que se cumple el ascenso y descenso de la roca se labra la efigie del condenado, del que debe encontrar en el ejercicio de su tarea el sentido de su propia existencia. Una labor que siempre es mejor enfrentar con alegría, como la que Arnau pone en este espectáculo de Ese Sísifo. El mito, de hecho, es la roca misma que se repite una y otra vez en la voz del narrador. Por eso no puedo sino recomendarte que visites su escenario en la calle Ramón y Cajal 35, en el barrio de Gràcia en Barcelona. Algo diferente en el mismo recorrido. Una actividad lúdica de la que no te vas a arrepentir. Él estará listo para volver a empezar, para seguir aprendiendo del mito, sólo faltan más ojos que se abran para encontrar las variaciones en esa alegre repetición del relato. ¿Te apuntas a la aventura?

No te olvides de visitar la guía de estilo para enlazar las entradas de este blog. El área de comentarios aquí abajo es tuya, no dejes de usarla. Estaré encantado de dialogar contigo y recuerda: compartir es gratis. ¡Hasta pronto!

Sígueme en Feedly