En la costa mediterránea de Italia, ahí donde los lazos de la bota terminarían por anudarse, se encuentra una ciudad llena de historia. Previo a la llegada de este año nuevo, camino por las calles de Génova pensando en aquel que, según nos dicen, vio la luz en este rincón para cambiar lo que Europa consideraba como el mundo. Puede que algunos pongan en duda el lugar de nacimiento de Cristóbal Colón, que busquen coleccionar una estampa más en su álbum de héroes para construirse una historia gloriosa, pero el lugar de nacimiento es secundario con respecto a su aventura vital que incluye el fortuito encuentro con el nuevo mundo.

Digo secundario, pero el punto es que nos mantenemos cerca de esas aguas mediterráneas donde se recrea el viaje arquetípico de Ulises. Hablamos de toda una cultura marcada por la idea de la aventura marítima y las leyendas que van y vienen junto con las corrientes. Desde la poderosa hechicera hasta las imágenes de los salvajes del mundo con el que se han tropezado los marinos. El viajante descubre y llena de historias su entorno, renueva las fantasías o refuerza otras que ya existían. Ante el primer encuentro con el rinoceronte, por ejemplo, había quien encontraba la comprobación de la existencia de unicornios, aunque la imagen que se tenía de ellos debía recibir algunos ajustes.

Año nuevo, bitácora nueva

El viaje, por tanto, es una manera de abrirse a la exploración y el descubrimiento. Pero no solamente para llenarse uno mismo de experiencias. El viaje es siempre personal, pero ahí donde damos un paso abrimos el camino para otros que escucharán nuestro relato y dibujarán en su propio mapa un nuevo horizonte. El mundo es la cartografía del imaginario personal. - tuitéalo     Sabiendo que ese conjunto de imágenes no se diseñan en soledad. La persona no es una figura aislada, no se entiende sin un entorno que le acompaña, le da sentido e incluso le modela.

La persona es por sí misma pero de frente a otros. - tuitéalo    

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De hecho, para compartir las historias y las experiencias debemos organizar el relato en función de una forma reconocida por el conjunto de personas que nos acompañan. El tiempo del relato es fundamental, la marca de inicio de un ciclo es también la del fin de otro, como hablamos con las celebraciones relacionadas con la natividad. La bitácora del viaje tiene su organización, sus jornadas que determinan el ritmo de un viaje. Días llenos de descubrimientos y otros tantos plenos de calma. Eso es lo que constituye nuestra aventura vital en la que ahora escribimos los últimos relatos de la jornada 2014 y preparamos la bitácora que guardará los descubrimientos del año nuevo. Somos, de alguna manera, la variación constante de ese viaje de Colón que muestra claramente que buscar y encontrar son dos actividades distintas.

Aventura, búsqueda y encuentro

Las primeras líneas de nuestra nueva bitácora se escriben al ritmo de unas campanadas y tienen un lindo sabor a uva. Los propósitos del nuevo año son una especie de ruta, unas indicaciones generales o coordenadas amplias para delimitar la zona que habremos de explorar durante el año. Es en esa región donde enfocamos la búsqueda, es ahí donde pensamos que se pueden encontrar la alegría, la salud y la prosperidad. Nuestra personal ruta a las Indias tiene continentes enteros e ignotos de por medio. Buscamos una costa imaginada y delineada por nuestros propósitos, pero encontramos (y nos encuentran) tantas estaciones intermedias que, además, nos ayudan a redefinir esa meta inicial.

El encuentro puede ser una sorpresa y no depende siempre de la búsqueda. - tuitéalo    

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El encuentro es una estación, un puerto de reposo. Llegar a la meta implicar cumplir el propósito, mientras que el encuentro intermedio es un punto de apoyo, un espacio de reflexión desde donde podemos divisar el horizonte y hacer el ajuste necesario en el mapa que vamos trazando. Entre búsqueda y encuentro se dibuja en el lienzo de la vida el rostro de nuestra propia historia. - tuitéalo     Puede bosquejarse, pero el resultado final requiere siempre del viaje, de un espíritu de aventura que mantenga el viento soplando sobre las velas. Así, poco a poco, devenimos expertos marineros que saben distinguir en el lienzo del mar la fuerza de los vientos y, por tanto, los momentos en los que hay que relajarse y aquellos en los que conviene avanzar.

La mirada atrás antes del año nuevo

Di la bienvenida a este año en el nuevo mundo. Los primeros minutos de 2014 llegaron en una ciudad también histórica y sumamente peculiar en su geografía. Génova me recuerda un poco a Guanajuato, si obviamos el pequeño detalle de que esta última no se encuentra en la costa. De cualquier manera permanece esta sensación de cerrar el ciclo con una vuelta al viejo mundo, de encontrar un rostro familiar a pesar de la distancia. El fin de la jornada se da en un punto de inicio para los viajes, en la cuna del viajero que amplió los mapas y redefinió las fronteras. Nada mejor para comenzar una nueva bitácora.

El mapa de la propia vida es el resultado de una aventura, de un viaje dramático. - tuitéalo    

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Estoy a unos pasos de casa. El último suspiro y una mirada hacia atrás para ver ese camino que el crepúsculo deja sobre el mar. Gracias a todas y todos con los que he tenido la fortuna de encontrarme durante este viaje. Su compañía es lo mejor que tengo para enfrentar la aventura que ahora se abre. Les abrazo a todas y a todos mientras la cuenta atrás nos alcanza. Salud y felicidad para acompañarnos a todos en esta bitácora que estamos por inaugurar. Gracias por pasar por este rincón. Esta será siempre una cálida estación de encuentro para viajeros y amantes de la aventura. ¡Salud!

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