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Querida y querido lector,

Este es un texto diferente a lo que se puede encontrar por este espacio. Diferente por su estructura, pero también por su objetivo. He compartido contigo otras cartas que incluso coinciden con el trasfondo de la celebración que hoy motiva estas líneas. Pero esta se distancia porque quiero hablarte de manera mucho más directa. En este mensaje navideño no puedo renunciar a la reflexión que me acompaña como si se tratara de mi propia sombra. Así que te invito a que me acompañes un momento de este día especial a jugar con las formas sombrías que la luz nos permite proyectar.

No, no te asustes. Es verdad que estas fechas suelen tener un talante melancólico y a veces un poco tétrico. Habría que recordar el famoso cuento de Dickens con los espíritus visitando al avaro Scrooge mostrándole los efectos de su comportamiento. Una época de reflexión, sin duda, pero que no necesariamente tiene que ser oscura. Estamos en un momento en el que la línea entre la luz y las sombras se hace presente, un momento de anunciación que marca el fin de una etapa al mismo tiempo que otra comienza. Lo que se anuncia, en efecto, es el nacimiento, la celebración de una buena nueva que llega con la inocencia de un niño. No te preocupes que tampoco me pondré a sermonearte con un discurso religioso como parte de un mensaje navideño. Además, estas fechas y la idea del nacimiento tienen una historia que va más allá del cristianismo.

La celebración de la natividad tiene una vieja historia en nuestra cultura. - tuitéalo    

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Resulta que por tierras persas había un dios de nombre Mitra. Se trata de la divinidad solar adoptada por los romanos que tuvo su propio culto rivalizando con el naciente cristianismo, como otros tantos que coexistían en aquella época. Su influencia, sin embargo, no puede menospreciarse, pues su nacimiento se ubica precisamente en el solsticio de invierno del hemisferio norte que es, como sabemos, el momento en que tenemos los días más cortos y el inicio del aumento de la luz solar que avanzará hacia la siguiente estación. El Sol Invictus, término con el se puede identificar a más de una deidad además de Mitra, refleja justamente el espíritu de las celebraciones de estas fechas: el resurgimiento de la luz, el poder del sol remontando la oscuridad del mundo.

Más allá de una creencia determinada, como puedes ver, la celebración de un resurgir, de un final de trayecto que es al mismo tiempo inicio de otro, está muy arraigada en nuestra cultura. Es un momento de alegría por llegar al final del camino, pero también de fiesta y algarabía por lo que llega, por lo que nace. Fin y principio se dan la mano por un momento para recordar que no hay nada nuevo sin un camino recorrido. Hablamos del renacer de un símbolo de poder, de una figura capaz de generar un cambio o una regeneración. Momento esperanzador, apertura de posibilidades como las de un niño que tiene toda una vida por delante. Todo esto condensado en una época festiva que no necesariamente responde a un único credo.

Fin y principio se dan la mano para recordar que no hay nada nuevo sin un camino recorrido. - tuitéalo    

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Es verdad que las marcas comerciales sacan partido de este espíritu festivo, pero esto no será jamás un motivo para demeritar el fondo mismo de la tradición. La coincidencia de ciclos astronómicos con cultos y celebraciones nos habla de una comunión de la esfera humana con la del Universo mismo. Mitra o Jesús, lo que importa es retomar la línea del relato que nos permite integrar la fuerza de estas figuras simbólicas en el curso de nuestra propia vida. Que las sombras del camino, de tu propio camino, se encuentren con un sol naciente al que puedes poner el rostro que más te guste. Las líneas generales de este relato han acompañado a la humanidad desde hace siglos, sólo hace falta que cada uno de nosotros se apropie de su sentido para generar la variación propia y particular.

Somos seres de símbolos, vivimos constantemente generándolos y rodeándonos de ellos. Estas fechas son más que propicias para recordar esta condición humana, pero no para distanciarnos del mundo sino, como ya te cuento, para recordar que somos parte de algo mucho más grande. Comenzamos un nuevo ciclo y ello amerita una celebración. Mi mensaje navideño para ti es precisamente este: que en estas fechas te apropies de este relato de la humanidad para encontrar en él recursos de sentido y que, con ellos, escribas el próximo capítulo con armonía y felicidad. Qué el sol que ahora comienza su camino ascendente brille en tu corazón y en el de los tuyos. Gracias por estar aquí y recibe un fuerte abrazo. Te saluda tu amigo de letras.

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