En los últimos días la noticia del robo de imágenes comprometedoras de algunas famosas ha estado en boca (y en ojos) de todos. Los ángulos de análisis son bastante diversos: la seguridad de los servicios de almacenamiento en la nube, los motivos que llevan a alguien a hacer ese tipo de fotografías, el error de guardarlas en un sitio con potencial acceso al público, el fin de la privacidad en la era de Internet. Cada quien optará por el ángulo que le parezca mejor, mientras que nosotros sacaremos unas cuantas conclusiones con respecto a las imágenes de escándalo que circulan en la red, particularmente aquellas que nosotros mismos entregamos a la nube.

No hay que caer en una posición moralina. Cada quien es libre de hacerse las fotos que quiera, en las situaciones que le parezcan más convenientes. Juego erótico, diversión, narcisismo, lo que se quiera. Nada más sencillo que el juicio moral condenatorio. Lo que tenemos es un delicado conflicto entre la responsabilidad y la privacidad. - tuitéalo     La primera es un valor, mientras que la segunda es un derecho. De aquí que las afectadas tengan todo el derecho de emprender acciones legales para defender su privacidad, sin que eso deje de lado la ausencia del valor de la responsabilidad en sus actos. Esto, de nuevo, no es una condena sino un señalamiento que nos sirve a todos para reflexionar con respecto a lo que hacemos con nuestra propia imagen en la red.

Imágenes de escándalo: la grieta en lo privado

Vamos a entrar un poco en detalle intentando dejar claro que el problema está en esa delgada línea entre el valor y el derecho. La imagen lleva ya mucho tiempo ocupando el trono cuando se habla de medios de comunicación. Pero este es un tema que podemos rastrear desde los tiempos de Tomás, uno de los apóstoles, donde la visión y la experiencia empírica se vuelven fundamentales marcando su distancia con las cuestiones de la creencia. Leemos en el Evangelio de Juan: “Si no veo las heridas de los clavos en sus manos y meto en ellas mi dedo, y mi mano en su costado, no lo creeré”. (Juan 20:25) La vista, entonces, se convierte en prueba irrefutable de algo, en signo inequívoco de que una cosa es de un modo y no de otro. Así de arraigada está la idea: la creencia es ciega, mientras que el conocimiento ve.

Las imágenes de escándalo muestran lo que no debería ser visible, lo prohibido. - tuitéalo    

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¿Qué tiene que ver esto con las imágenes de las que hablamos? Bueno, además de la estrecha relación de la palabra escándalo con la Biblia –de lo que no hablaremos aquí–, está el hecho de que se califica de imágenes de escándalo precisamente porque nos hacen ver algo que la persona no quería que se viera. Se trata de cosas que creemos que existen, pero que cuando aparecen en público generan escándalo. Retratan un acto que pueden inducir un mal pensamiento, que generan alboroto, asombro y, además, son susceptibles de ser consideradas como un mal ejemplo. Está claro que nosotros no somos Jennifer Lawrence, por lo que un desnudo o juego erótico filtrado a la red no pasaría de una eventual vergüenza limitada a nuestros círculos más cercanos. Para un figura pública, sin embargo, esto supone un número mucho mayor de miradas y un problema de imagen más o menos grave, dado que esto resulta tan importante en los medios.

Pero se trate o no de una figura pública, lo que tenemos es una grieta en lo privado que nos hace ver, que nos da a conocer algo que hubiera requerido el consentimiento del implicado. Las fotografías estaban destinadas al ámbito privado, uno que es resguardado por la misma Declaración Universal de los Derechos Humanos. Se viola un derecho y, por tanto, se comete un delito. Eso es algo completamente inobjetable. Por otro lado, no podemos ser ingenuos y pensar que estas son las únicas personas que tienen fotos de este tipo en sus dispositivos. Pero esto es una suposición, una creencia que como tal participa de un misterio muy poderoso y con el que siempre se puede jugar… asumiendo los riesgos. Damos el salto entonces al segundo momento: el de la responsabilidad.

¿Quién es el responsable del escándalo? La pregunta sin respuesta

Tenemos dos actores evidentemente: el hacker y la fotografiada. No se puede negar tampoco que sin fotografías no hay escándalo posible. Puede haber declaraciones juradas de lo mismo que la imagen nos muestra, pero ante la palabra esta la posibilidad de creer o no, mientras que las fotografías, como ya dijimos, pertenecen a otro ámbito. Así, resulta incuestionable que el punto de partida está en el instante en el que obturador de la cámara hace su trabajo y atrapa la luz de una habitación que es testigo de un juego que no tiene nada de malo en sí mismo. Ojo, esto no justifica el acto del hacker que, como ya vimos, es realmente un delito. Lo que se intenta resaltar aquí es la conciencia de que sin las imágenes la situación no existe, por lo que también se debe reflexionar desde el fuero interno sobre la responsabilidad de quien hace la fotografía no para exculpar al hacker, sino para obtener una lección igualmente personal y privada.

El estatuto de la nube es, cuando menos, ambiguo. Está entre lo público y lo privado. - tuitéalo    

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Lo digo claramente: quien aparece en la fotografía no es la culpable del escándalo, pero sí tiene responsabilidad de la imagen que lo hace posible y, por lo tanto, le compete reflexionar sobre ello si es que su publicación le molesta. En otras palabras, hay dos grandes posibilidades de reacción ante la grieta en lo privado: la indiferencia porque lo que se muestra no tiene la menor importancia o la indignación por verse moralmente afectado. Un asunto peliagudo donde no se puede tomar partido sin arriesgarse a un juicio severo. Indicativo de que por la grieta se escapan también muchos fantasmas “culturales”: la cosificación de la mujer, la relación ambigua con el desnudo, el tabú de la sexualidad, una interpretación bastante dudosa de la libertad, entre otras cosas. Lo cierto es que la responsabilidad implica ser capaz de dar cuenta de los propios actos, por lo que una reacción de molestia deja ver que la imagen dice algo sobre lo que no queremos responder porque nos pertenece a nosotros y a nadie más. El error está, entonces, en no tomar las medidas adecuadas para que se conservara de esa manera.

Un par de palabras más al respecto. Lo que de pronto se vuelve visible hace que el implicado sea llamado ante el tribunal de la opinión pública sobre algo que no le compete a dicho tribunal. No es válido responder que lo mejor es no hacerse una foto, porque esto atenta contra la libertad de hacer lo que se considere mejor con el propio cuerpo. Pero sí que se puede señalar que esta libertad no incluye los medios, es decir, que el acto irresponsable está en hacerlo con un dispositivo que pone la información en un sitio donde es potencialmente accesible para el público. Esto, de nuevo, no legitima el ataque a la privacidad, sino que pone sobre la mesa el tema crucial a considerar: ¿es la nube un espacio privado?

Las reglas de juego se establecen en el espacio entre la privacidad y la responsabilidad.  - tuitéalo    

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No tengo una respuesta clara para la pregunta, pero sí tengo claro que es un tema muy importante para pensar y debatir. Si se responde que sí entonces hablamos de un caso como el de quien entra a robar en una casa. Si se responde que no entonces la casa estaba abierta porque, en principio, no pertenece a nadie y cualquiera puede pasar por ahí para tomar lo que hay dentro (con límites que la comunidad debería conocer y respetar, claro está). La moraleja para el resto de nosotros es muy sencilla: mientras esto no se defina es mejor no poner en este espacio ambiguo lo que claramente queremos mantener en el ámbito privado. Mientras tanto la reflexión sigue y resulta crucial para establecer las reglas de juego y convivencia en estos espacios virtuales que llegaron para quedarse. Un espacio abierto como el de la red supone el tenso encuentro entre la responsabilidad como valor de los individuos y derechos como el de la privacidad. Parece una cuestión de sentido común, pero ya vemos que este sigue destacando como el menos común de todos los sentidos.

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