Lo digo claramente desde un inicio para evitar confusiones: mi interés en este texto no es el de la alabanza, la apología o el adoctrinamiento. El tema que quiero comentar contigo me ha llamado la atención por motivos que no tienen nada que ver con la religión, sin que esto signifique que se pueda negar que las ideas están en estrecha relación con un particular discurso religioso. Mi posición, sin embargo, no puede ser otra que la del aprendiz de brujo que adopta una posición crítica buscando desmenuzar los elementos presentes en los consejos para ser feliz del papa Francisco.

Para ser muy honesto te diré que hace falta dar un vistazo a la historia del pensamiento (que es casi como la historia de la filosofía) para darse cuenta de que desde las entrañas de la religión han surgido ideas que todavía defienden hoy tanto laicos como creyentes. Pero no es mi intención entrar en estos terrenos donde será siempre complicado llegar a un acuerdo. Al menos no creo que este sea el espacio para ello. Te invito a que nos centremos en el tema que es de interés común: la felicidad y los consejos para ser feliz del papa Francisco. Este valor se trata de un bien preciado, aunque sin rostro fijo. La felicidad es un poliedro de espejos donde cada uno encuentra un reflejo distinto. - tuitéalo     O al menos eso parece. Lo que no significa que tengamos que renunciar al diálogo y llevarnos a casa la propia noción para guardarla con el mayor recelo. Me parece mejor atender al relato de lo que otros ven en esa figura irregular y abrirnos así al descubrimiento.

Consejos para ser feliz… ¿del papa?

Cuando llegó hasta mis ojos el artículo del diario Clarín con la entrevista que rápidamente le ha dado la vuelta al mundo, francamente no relacioné el nombre de Francisco con el del máximo dirigente de la Iglesia católica. Sobre todo porque en el título se hablaba de viralidad en Internet. Lo admito, no es el contexto en el cual esperaba encontrar a Bergoglio. Pero, después de pensarlo un poco, me pregunté: ¿por qué no? Sabemos que Juan Pablo II dejó un vacío difícil de llenar. Más allá de sus defectos y omisiones, se trataba de un papa que sabía estar cerca de la gente, de uno carismático (léase también en el sentido que Weber da al carisma). Su sucesor estaba lejos de esas características, pero Francisco ha vuelto a poner un rostro amable y cercano en el papado. Esto, junto con su carácter abierto, nos hace pensar que seguramente veremos más de él por las redes.

Los tiempos que corren demandan una gran capacidad de comunicación, incluyendo al papa. - tuitéalo    

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La segunda sorpresa fue que, al repasar la lista de consejos para ser feliz, no encontré palabras que hicieran referencia a elementos de la vida religiosa. Al menos no de manera directa y evidente, aunque uno no puede olvidarse de la formación de Bergoglio que es el primer papa surgido de la Compañía de Jesús; algo que no es una cuestión baladí. San Ignacio de Loyola, el fundador de la orden, era un militar que trasladaría la importancia del ejercicio al campo espiritual. Ejercicios espirituales para preparar el alma, para disponerla al encuentro con la voluntad divina. Noción que cuadra con otras como la vocación de servicio como actitud activa, como ejercicio del espíritu en este mundo donde hay que buscar alcanzar un fin que no es otro que el ya mencionado: estar en armonía con la voluntad de Dios. Ejercicio, hacer, actividad, búsqueda en este mundo… No debe extrañar que el papa mencione poco a Dios, porque ha sido formado en una línea que le invoca actuando.

Llegamos entonces a los consejos para ser feliz

Dicho lo anterior espero queden claras las razones que me han llevado a traerte este texto el día de hoy. El encuentro ha sido fortuito, pero el contenido da mucho para pensar y eso es algo que sí que me gusta ejercitar. Así que pongo el músculo del pensamiento a trabajar para traerte los consejos para ser feliz con un poco de diálogo con quien los propone.

Vive y deja vivir

Nada más en consonancia con la noción del ejercicio: centrarse en lo que corresponde a uno mismo y dejar que el resto fluya. Nadie se ejercita por otro, nadie es feliz en lugar de otro. - tuitéalo     Puede que los otros nos hagan felices, pero somos nosotros mismos quienes ejercemos la condición. El primer consejo no podía ser más claro: para ser feliz tienes que ocuparte de tu propia felicidad y dejar de mirar lo que hace el vecino. Construye desde dentro tu propio estado.

Darse a los demás

Asimilada la parte egoísta del camino, es decir, asumiendo que nadie será feliz en tu lugar y, por tanto, sabiendo que la responsabilidad recae por completo en tus manos, entonces adviene la apertura al otro. Esto lo define como una medida para evitar el estancamiento, porque “el agua estancada es la primera que se corrompe”. En otras palabras, si trabajas en tu propia felicidad y la consigues, o al menos te acercas a ella, compártela con los demás. Guardarla para ti mismo provocará que se estanque y se descomponga. Aparece entonces el sentido de comunidad que, no obstante, se ha fundamentado en un ejercicio personal.

Vive y deja vivir, darse a los demás y moverse remansadamente, tres de los consejos para ser feliz. - tuitéalo    

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Moverse ‘remansadamente’

Aquí el papa Francisco acude a un literato de su tierra, Ricardo Güiraldes, y particularmente al personaje de su novela Don Segundo Sombra que al rememorar su vida dice que en la vejez se siente como un río en movimiento, “pero lentamente remansado”. Esta desaceleración del vida es interpretada como un movimiento humilde y benevolente que se alcanza con los años. El saber acumulado lleva a una actitud más mesurada y tranquila, algo fundamental para ser feliz y que no hay que demorarse en construir.

Jugar con los hijos

Ya estando en cuestiones de tiempo y velocidad, el papa recomienda no permitir que la era del consumo aleje a los padres de sus hijos. El trabajo es importante, pero abandonar la cultura del ocio en compañía de los más pequeños de la casa es optar por una vía que no es la de la felicidad. Poniendo de mi propia cosecha diría que, además del vínculo familiar, es una excelente manera de nunca perder el contacto con el niño interno que es tan importante para mantener una sonrisa en el rostro. El juego nos recuerda que las reglas no son siempre rígidas y castrantes - tuitéalo    , es un estímulo para la creatividad.

Compartir los domingos con la familia

Era de esperarse algún elemento como este. Lo que sorprende, insisto, es que nos se diga que el domingo es un día de oración y recogimiento. Se destaca, de nuevo, la importancia del ejercicio personal y compartido (que hemos visto ya que puede ser una oración en acto). Tanto en el mundo de los trabajadores como en el de la academia, nos dice Francisco, el domingo se reclama como un día libre, como un respiro del ajetreo de la semana. El domingo, agrega él, es para la familia. No sé si es porque estoy lejos de la mía, pero nada más escucharlo me alegra un poco el corazón. Algo de cierto hay en aquello que nos acelera un poco el pulso. El truco está en tener la paciencia para descubrir lo que es.

El papa Francisco incluye una dimensión familiar y social en sus consejos para ser feliz. - tuitéalo    

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Ayudar a los jóvenes a conseguir empleo

Después de explorar el ámbito privado se da el salto a lo que nos compete a todos. El papa es consciente de las alarmantes cifras de desocupación juvenil e invita a hacer algo al respecto. Pide creatividad, pues un joven que no encuentra trabajo puede caer en el camino de las drogas y, en esto sí muy doctrinario, no conoce la “dignidad de llevar el pan a casa”. Aquí estamos completamente en esa dimensión de apertura que invita a no quedarse con la propia felicidad, sino que ésta debe contagiarse. Las oportunidades de trabajo son uno de los elementos fundamentales para que la felicidad encuentre más puertas abiertas en una sociedad. Dar ocupación a las propias capacidades y cumplimiento a los anhelos, elementos que sí que suenan cercanos a la condición del que es feliz.

Cuidar la naturaleza

Todavía en la línea de lo que nos incumbe a todos, Bergoglio se da el tiempo para hablar de los equilibrios en la naturaleza, de la necesidad de mesurar la codicia en la explotación de los recursos para considerar las consecuencias. Sin mundo en donde gozar de la felicidad ésta carece completamente de sentido. - tuitéalo     Bien podríamos hablar aquí de una condición material indispensable para ser feliz: la existencia del espacio donde la vida es posible. Claro que es inevitable introducir un elemento propio de la religión, a saber, la tarea del hombre como guardián de la creación. Tómalo como más te guste, pero cuida del entorno natural si quieres ser feliz.

Olvidarse rápido de lo negativo

Aterrizamos de nuevo en la persona. Volvemos de ese viaje hacia el otro para dar tres notas extra que se ejecutan desde el fuero interno. La primera es la invitación al rápido olvido de lo negativo. El Papa nos dice que hablar mal de otro es síntoma de que nosotros mismos nos sentimos muy abajo anímicamente hablando. Esto nos lleva a tirar de quien percibimos que está arriba buscando llevarlo a nuestra altura. Valdría más el olvido de eso negativo que nos pesa y hunde para retomar los vuelos de la autoestima y seguir en la persecución de la felicidad. La memoria es importante, pero sin olvido se vuelve una tortura como bien lo reflejó Borges.

Paz, respeto y olvido cierran los consejos para ser feliz de Francisco. - tuitéalo    

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Respetar al que piensa distinto

Este es uno de los elementos donde el jesuita habla con más claridad y, además, debo decir que es digno de reconocimiento. El líder de la Iglesia católica nos llama a respetar, no a evangelizar, no a dialogar para convencer. “La Iglesia crece por atracción, no por proselitismo”, sentencia el pontífice. Podría especularse que aquí se esconde la certeza personal de que este respeto resultará atractivo, haciendo del mismo algo no tan inocente. Pero a esto podría replicarse: que siga con esa convicción mientras el respeto sea efectivo, que, al final, mal no hace. Habría que hacer notar la dificultad de respetar realmente al otro, de permitirle la expresión de esas ideas distintas sin introducir un juicio basado en mi propia percepción de las cosas. Parece sencillo, pero es un ejercicio duro.

Buscar activamente la paz

La importancia de la actividad para san Ignacio de Loyola se deja sentir en este punto. El papa Francisco habla de la violencia y la guerra en el mundo para llamar a una búsqueda de la paz. Pero no como un llamado que espera pacientemente en la comodidad de su asiento. La paz, nos dice, no es un mero estado de quietud, sino que, por el contrario, supone una búsqueda activa y constante que cada uno debe ejercer. Paz y felicidad parecen darse la mano al final de la lista que cierra con el tono propio de la Compañía de Jesús: no hay viaje que no se realice andando. Estos son los consejos para ser feliz. Ya queda en tus manos valorarlos. En lo personal creo que hay cosas aquí que, al menos, vale la pena escuchar para abrir el diálogo.

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