Dejamos atrás ese par de características humanas en busca de un complejo equilibrio tanto al interior de un argumento como en la vida misma: emoción y razón. Pero esto mismo da pie a seguir reflexionando en torno al mundo de las falacias porque, ante ellas, quedaba implícito un problema digno de considerarse. Se trata de la disyunción y las trampas que puede encerrar el intentar argumentar separando las cosas en blanco y negro de manera tajante. En el caso de la emoción y la razón veíamos ya la necesidad de encontrar un camino intermedio y el peligro de quedarse solamente en uno de los lados. Pero ahora veremos que el mismo planteamiento en una dicotomía podría encerrar ya una falacia.

La disyunción, para empezar, tiene sus normas de funcionamiento muy específicas. Lo primero es tener dos opciones únicas entre las cuales hay que decidir. No hay que perder de vista la palabra: únicas. Después viene la relación entre ellas que se da a partir de dos proposiciones condicionales. Pausa, que el lenguaje se pone muy técnico. Una disyunción requiere de dos elementos: pongamos A y B. Después una relación entre ellos que, como se trata de que si uno se da el otro no puede darse, se expresa con oraciones condicionales: si se da A entonces no se da B y si se da B entonces no se da A. O lo uno o lo otro, esa es la regla de una disyunción. - tuitéalo     El elemento que hace falta, por supuesto, es la conclusión. Si la moneda cae de un lado o de otro tenemos el descarte de la otra posibilidad y con ello una conclusión. Aclarado esto se puede pasar a la falacia por falsa disyunción.

Exhaustivo y excluyente, dos condiciones de la disyunción

La importancia de explorar las alternativas

Hay varias posibilidades para que una disyuntiva sea falsa. La primera, y quizá la más clara, se da cuando la disyunción es incompleta, es decir, que se presentan dos opciones pero sin considerar que podría haber otras. Es el caso, por ejemplo, de decir que algo es o blanco o negro. Es verdad que si es lo primero no puede ser lo segundo, pero eso no significa que quede eliminada la posibilidad de estar en un lugar en medio de ambos, es decir, que sea de cualquier otro color dentro del espectro. Este es un caso particular de falacia que se denomina como olvido de alternativas y se da cuando los términos de la disyunción no son exhaustivos, es decir, que no se asegura que de verdad estamos ante dos posibilidades, ni más ni menos. El argumento, recuérdalo bien, sólo funciona cuando tienes dos términos que representan las únicas opciones posibles y que no es posible tener ambas al mismo tiempo.

Una disyunción es incompleta cuando entre sus términos hay posibilidades no consideradas. - tuitéalo    

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Otra manera de ver esto es el tipo de relación que hay entre los términos. Dejemos de lado los colores y vamos a adentrarnos en otros territorios para explicar esto. La afirmación todas las manzanas son rojas resulta evidentemente falsa, pero no por eso se vuelve verdadero lo siguiente: ninguna manzana es roja. Lo que sucede es que todas y ninguna son expresiones contrarias, pero entre ellas caben muchas posibilidades. De hecho, es esta misma posibilidad lo que las hace falsas a ambas. Hay algunas manzanas que son rojas y algunas que no lo son. Este par de expresiones contradicen las afirmaciones universales generando excepciones. Esto, en conjunto, nos da lo que se denomina como el cuadro de oposición de los juicios. Pero no entraré en detalles para evitar confusiones. Lo importante es entender que entre todo y ninguno hay una relación de oposición que deja abierta la puerta a términos intermedios, es decir, a otras posibilidades. De aquí que no pueda hablarse de una disyunción completa cuando se plantean las cosas de esta manera.

Para terminar de ilustrarlo vamos a ver un par de ejemplos más. Este tipo de falacias se suelen emplear para desacreditar la posición de alguien realizando una generalización, oponiéndola con una alternativa y revistiéndola con características poco deseables. Como la política está llena de este tipo de cosas seguiré recurriendo a ella para entendernos mejor. Se trata del típico discurso que afirma: conmigo o contra mí. Vemos desfilar entonces los rostros de políticos que se pintan como la opción más democrática, más justa, más capacitada. Todos los demás constituyen un bloque homogéneo en donde no hay auténticas alternativas: estoy yo, que soy lo mejor, y el resto que representan un camino inseguro, malicioso y corrupto. Evidentemente hay más de dos opciones, pero la estrategia es reducirlas a dos y descalificar una ya sea tratándola como a la caja de Pandora o mostrando las infinitas virtudes de la otra. Ya ves, esto es más común de lo que parece.

No es lo mismo llevar algo a su expresión general que simplificar para descalificar al adversario. - tuitéalo    

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Lo cortés no quita lo valiente

Recurro a este dicho popular para mostrar desde el principio el segundo de los elementos de la falsa disyunción: los términos no son excluyentes. Esto es muy sencillo, se trata de plantear dos opciones que no tienen una relación clara entre ellos pero que se pretende que sea una o la otra. O nos casamos o no me amas, si realmente te interesa conseguir este trabajo no puedes hablar mal de la empresa. El condicional que expresa la disyunción se arma con elementos que no se excluyen, no resultan incompatibles o quizá son posibles al mismo tiempo. El primero de los ejemplos da pie a situaciones que bien podrían ser explotadas en una comedia: te amo pero no me caso, me caso pero no te amo, te amo y me caso. Esta triada es más que suficiente para mostrar que no tiene sentido poner ambos términos en una disyunción porque no hay entre ellos la relación de exclusión.

Los términos de una disyunción deben excluirse uno a otro. - tuitéalo    

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De cualquier manera, hay que decir que no siempre es tan sencillo delimitar claramente para ver si lo que se pone ante nosotros son términos que se excluyen. Sobre todo cuando quien está argumentando es lo suficientemente hábil para establecer relaciones ficticias entre las dos propuestas. Es un poco como el mago que nos ofrece las dos manos con los puños cerrados sabiendo que en ninguna de ellas está el objeto que se busca. Nosotros caemos en la ilusión de que hay solo dos posibilidades, cuando en realidad el hábil personaje se está reservando la verdad en otro sitio. Lo importante en estos casos es demorarse en el análisis de los términos para determinar si realmente cumplen con las dos características de una verdadera disyunción: ¿Son términos exhaustivos o hay más posibilidades entre ellos? ¿Un término excluye al otro o es posible tenerlos ambos sin problemas? Cualquiera de estas preguntas pondrá al descubierto la trampa si es que se está tendiendo una.

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