Este es un texto especial. Debo decirte que, mientras estas líneas llegan a la red de redes, yo celebro un año más de vida. Es una de esas circunstancias en las que el recuerdo aprovecha para instalarse cómodamente y decirte: mira nada más lo que has pasado para llegar aquí. La memoria es como una tierna abuela que se deleita revisando el álbum fotográfico una y otra vez. Todas las estampas de una vida están ahí, detrás de cada imagen una historia y en cada rostro un motivo para la sonrisa. Porque al final el pasado, cuando es realmente pasado, tiende a ser un fuente de sonrisas por los buenos momentos vividos con quien ya no está, por las aventuras compartidas o por las absurdas razones que pueden llevar a que la distancia se imponga entre dos personas.

Ya que el recuerdo me alcanza y me obliga a ponerme delante de estas fotografías del pasado, he decidido ir a su encuentro en compañía. Así que ahora es tu última oportunidad para marcharte antes de que te coja de la mano y nos lancemos juntos a las líneas de mi propia historia. Te lo advierto porque soy cursi y empalagoso cuando se me mete una idea en el corazón. Estoy lejos de ser un poeta, así que puedes ser un poco flexible en tu juicio y mejor optar por reírte conmigo repasando estos fragmentos de un discurso que pretendía ser amoroso, pero que más bien terminaron siendo un álbum de momentos sin nombre. Última llamada, esta es la última llamada. ¿Sigues por aquí? Bueno, ya te lo he advertido. Perdón si me ruborizo un poco, es la primera vez que comparto públicamente mis torpezas.

Fragmento I

Busco la manera de alcanzarte, la forma de encontrarte haciendo alquimia mientras abrazo el viento. Te busco entre las copas de los árboles pobladas de misterio, y en el horizonte sólo encuentro la sonrisa de Gioconda de un mar embravecido. De esa línea sinuosa que explota en formas caprichosas nace esta historia, y es que el amor obedece más a la geografía de las nubes que a las máximas euclidianas de una apática geometría. De entre los senderos de la historia emerge tu recuerdo, amargo oasis de un tiempo incierto que se divierte engañando a los sentidos. Bebo de sus aguas como único consuelo a una soledad anclada en mis latidos. Busco la manera de alcanzarte y sólo atino a cerrar los ojos, porque los párpados son las únicas alas que para volar tienen que cerrarse…

Porque los párpados son las únicas alas que para volar tienen que cerrarse. - tuitéalo    

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Fragmento II

Perdí un instante en el color de tu mirada. Tiré del velo de Maya esperando encontrar lo terrible y me sorprendió la inefable puñalada de la belleza. Eres baúl que devora con los ojos y guarda en su interior el palpitante secreto capaz de llevar a un hombre a la locura. Deja de mirarme, silencia el parpadeo. Sal ahora de mi cabeza antes de que te convierta en deseo.

Fragmento III

Hay algo de ti en la estación presente. Tu mano, viento lúdico, mece tu pelo dibujando infinitos y profiriendo encantamientos. El aire en torno tuyo parece más un escenario que el ropaje vital de la existencia… y es que hay tanto de danza en tus movimientos. Cómo no ver que son ellos los que animan al viento, cómo evitar ser parte del mejor retrato de esta frontera entre el otoño y el invierno. La pintura es la danza del pincel y tú eres pincel danzante en el lienzo de la vida, recreación de la voluntad que late en el mundo.

Yerro originario este de desgarrar el velo de Maya. Sacrílega imposibilidad de contentarse con lo tenue, con las insinuaciones del juego de sombras: único espectáculo permitido al profano que contempla. A ello he de volver. Recordar que soy sombra, que nada más me es dado el derecho de envidiar a la luz, de amar en secreto la vida desde los silenciosos bullicios de la interioridad. ¡Silencio voces inoportunas! Que nada se interponga en el andar ceniciento de los enamorados…

Buscamos por todas partes lo absoluto, y encontramos siempre y sólo cosas. Novalis - tuitéalo    

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Epílogo

Termina la tortura. El pastel y las velas me esperan ya impacientes. Por supuesto que puedes tomar un poco, anda sírvete tanto como quieras. Esta fiesta, como ves, está abierta a todas y todos los que me acompañan, me acompañaron y me acompañarán. Muy poco sería yo sin esa íntima comunidad de personas que me alientan y animan, pero también sin las que esforzándose por hacerme daño han dejado también importantes experiencias. A todas y todos ellos: ¡gracias! Lo digo de corazón a corazón. Gracias también a ti por pasar por estas líneas y demorarte en la lectura. Prometo que el pastel será mucho mejor que el texto. ¿Me acompañas?

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