Déjame que te mire a los ojos. Imagina que aquí, custodiando la jota de lo jovial, están las cuencas de mis propios ojos regalándote sonrisas. Inténtalo. Pon las manos en el vacío que nos une. Baila con ellas en el viento y dibujemos juntos las líneas que ahora comienzan a levantar el vuelo. Ahí vienen las letras, una detrás de la otra buscando ganarse un espacio. La lucha es potente, de aquí y de allá saltan chispas que luego confundimos con luciérnagas. ¡Atrapa una! Enciende con ella la hoguera del verano y vamos a poblarlo con mariposas. ¿No es así como se tejen los sueños? ¿No es del brillo de las palabras de donde emana su materia incandescente?

Puede que juegue un poco al Romeo que confunde a Julieta con el Sol. Pero luego me doy cuenta de que no hay manera de explicarle a un loco las cosas de la realidad. Porque en este diálogo que oscila entre lo shakesperiano y lo quijotesco, Romeo habla del uso de la minúscula para perder al astro y conservar su luz y calor. Yo entiendo poco de estas cosas. Me enseñaron que para soñar hay que cerrar los ojos, pero me empeño en abrirlos porque así me encuentro con los tuyos y entonces sueño, sueño de verdad. Ni Freud ni Jung, tampoco Lacan. Es la duermevela la que mejor ha comprendido este estado de frontera donde el sueño todavía no se va y la realidad todavía no entra. Espero encontrarte ahí para cumplir ese anhelo del poeta y el filósofo en el que las cosas nos hablan de sí mismas.

Me enseñaron que para soñar hay que cerrar los ojos, pero yo me empeño en abrirlos. - tuitéalo    

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Imagina las risas escuchando a la piedra y su andanzas. ¿De qué hablará la lluvia? ¿Será que de verdad son lágrimas las que refrescan nuestros días? Sería una paradoja digna de contarse. El viaje de la gota es la perfecta imagen de una vida que nace, disfruta del más bello de los paisajes y luego acepta sin más su destino en una tierra húmeda que le espera con los brazos abiertos. Desde lo alto puede ver mares y montañas. Escucha también como doblan las campanas y entiende en un instante el enigma que plantea el novelista. Conforme baja se encuentra con otras gotas, algunas le miran, otras le ignoran, pero todas van en la misma tormenta. ¡Vaya! La vida de una gota sí que es una tormenta, pero eso no evita que goce de ella. Hay un grupo ahí mismo que habla de una reencarnación mística a la que llaman el ciclo del agua y cantan y bailan en torno al círculo que les devolverá la vida.

Mira nada más. Pero si estamos hechos una sopa. Si al final somos niños dispuestos a moldear el mundo a la medida de sus sueños. Me lo dice esa sonrisa que ahora tienes en los labios. La imaginación es un imán para los recuerdos y la boca suele responder estirándose hacia los costados. Así, como si despertara de un sueño largo y se dispusiera a comenzar su día. El recuerdo, entonces, es el amanecer del discurso que irremediablemente comienza con una sonrisa. Luego llega la Luna del olvido, esa que se mira en silencio y que, en el frío de la noche, busca otros labios. La manta de un beso y el ocaso que nos llevan a descansar mientras esperamos un nuevo y sonriente amanecer.

Las comisuras de la vida revoloteando cual mariposas dando la bienvenida a la primavera. - tuitéalo    

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Nos estamos poniendo románticos. Pero esto va de sueños, sueños diurnos, esos que nos acompañan cuando los ojos se encuentran y las sonrisas aparecen en armonía. Las comisuras de la vida revoloteando cual mariposas dando la bienvenida a la primavera. Este es un texto lleno de parpadeos (parpelles i papallones) y sonrisas porque se escribe en compañía, casi en cofradía. Ladrones de instantes, que es así como los alemanes llaman al rápido abrir y cerrar de los párpados humanos. Pero no te preocupes que lo hacemos sólo para llevarlos a quien más los necesita. Un grupo de Robin Hoods de las palabras que te da la bienvenida con un abrazo y una dosis de calor humano en forma de prosa.

Me voy despidiendo, pero no puedo hacerlo sin el cuerpo. Sin él es imposible agradecer el tiempo que me regalas y el milagro de tu compañía. Así que juego un poco al ciego y con los ojos bien abiertos voy palpando tu rostro. Las puntas de los dedos van pasando por las mejillas, el meñique y el anular se encuentran con los labios y continúan el viaje hasta la barbilla. Ahora el que sonríe soy yo. La belleza siempre me sonroja. Descubrirla con el tacto es una aventura que se llama caricia. Así que me despido con una en este texto que no sirve para nada. Si acaso para recordar e invitarte a que visites a esas viejas amigas que son las palabras. Ahora me quedo aquí callado, mirándote a los ojos.

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