Querido/a lector/a:

Te saludo de nuevo en este espacio que se cruza con este tiempo. Llega la celebración cristiana de la pasión, muerte y resurrección de Jesús y con ello una oportunidad de reflexionar con cierta distancia de la perspectiva religiosa. Son días de asueto, una curiosa manera de manifestar que el entorno cultural en el que vivimos, nos guste o no, tiene una base religiosa muy arraigada. Pero la pausa en las labores puede ser aprovechada para escribir una nueva carta a quien estimas. A ti, en este caso, que vuelves a prestarme un poco de tu tiempo para pasearte por estas líneas.

La carta, como ya vimos, es un buen medio para expresar ideas, uno que se ha dejado un poco de lado, pero que sigue ahí en varios rincones de la literatura. Incluso lo está en aquella que Eugenio Trías denomina como “literatura de conocimiento”, la filosofía vamos. Ella tampoco ha podido escapar a la influencia de los textos fundamentales del cristianismo. Muchos de los cuales están escritos precisamente en forma epistolar, de entre los que destacan, sin duda, los de Pablo de Tarso. Has escuchado hablar de él, ¿no? Seguro que algo del cristianismo paulino habrá llegado hasta tus oídos, pues no en vano se le considera uno de los pilares de la Iglesia y representa una figura fundamental para la Reforma Protestante.

La influencia del cristianismo en el pensamiento es innegable. - tuitéalo    

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Déjame que te cuente que Saulo de Tarso nació entre los años 5 y 10 d.C en la región de la actual Turquía. Un personaje en toda regla, pues era hijo de judíos fariseos, tenía un profundo conocimiento de la cultura helénica (hablaba fluidamente griego, latín, hebreo y arameo) y contaba con ciudadanía romana (aunque es todavía asunto de controversia). Auténtica síntesis de un tiempo de encuentros y desencuentros entre culturas que daría como resultado el surgimiento de una variante religiosa cuya influencia, como venimos diciendo, llega hasta nuestros días. Interesante, ¿no te parece? Saulo o san Pablo, participó en las primeras persecuciones contra los cristianos. Pero en un viaje a Damasco, posterior al martirio de Esteban, tuvo una visión que le hizo caer al suelo mientras escuchaba esa famosa pregunta consignada en Hechos 9:4 y 26:14: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. La revelación de Jesús le cambió y se dedicó desde entonces a predicar en sus tres grandes viajes por Grecia, Asia Menor, Siria y Palestina.

No, no quiero cansarte ni aburrirte con datos sobre los cuales se sigue debatiendo. Es importante hacer notar que quien redactaba las cartas tenía una misión y se mantenía viajando. Sus misivas eran un reemplazo para su presencia, una exposición y un recordatorio que nos permiten ver su interpretación de las cosas. San Pablo es una figura interesantísima más allá de si se cree o no en el Dios del que habla: contaba con elementos de las tres culturas dominantes de su tiempo y desde ahí interpreto el naciente cristianismo. De hecho, es justamente esta síntesis de tradiciones lo que le trajo muchos problemas en su peregrinar. Poner la fe en Cristo por encima de la ley no era un elemento que agradara mucho a los judíos, así que te imaginarás que su arresto en Jerusalén no fue una casualidad. Pero más allá de estos elementos quiero dejarte una idea para reflexionar este periodo festivo y tiene que ver con la que él mismo califica como la más importante de las tres virtudes teologales: el amor.

Fe, esperanza y amor, las tres virtudes teologales donde Pablo destaca la tercera. - tuitéalo    

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Hay una famosa máxima cristiana que puedes encontrar en el Evangelio según Mateo (5:43-44) y según Lucas (6:27) y que manda amar a tu enemigo. La respuesta amorosa ante aquello que por definición nos resulta contrario era, como dice el propio Pablo (Corintios 1:23), escandalosa para los judíos y una locura para los griegos. Se trata de una noción de amor universal y desinteresada, ciega a las particularidades y por ello completamente entregada. Algo difícil de vivir incluso para aquellos que dos mil años después de su planteamiento se dicen fieles seguidores de la doctrina. No es de extrañar, pues se trata de un tipo de amor que supone limitarse uno mismo, bajar la intensidad del yo al mínimo para dar espacio al otro. Dice Spinoza, la alegría es “la pasión por la que el alma pasa a una perfección mayor”. Así el amor cristiano defendido por Pablo implica dar espacio para la alegría del otro, incluso la del enemigo, un amor sin restricciones. Vaya tarea, ¿no te parece?

La ausencia de un interés, como seguro habrás notado ya, implica esta limitación del yo: no amo para recibir, amo por el amor mismo, se aleja del egoísmo como marca Pablo en Corintios 13:5. Esta es una importante distinción con la noción de amistad de la que hablábamos en otra carta, ¿lo recuerdas? No se trata de un amor que reacciona ante el otro, sino uno en constante actividad, algo que resulta complejo para la condición humana y que, por ello, se debe remarcar que este tipo de amor es más un horizonte, un ideal y una guía. “Ama y haz lo que quieras”, decía san Agustín. Con este amor como norma la máxima ética garantiza una actuación siempre activa y entregada en el marco de una búsqueda de la alegría, del aumento de potencias en el conjunto de lo humano.

Pablo plantea una noción de amor que sirve de horizonte y de guía. - tuitéalo    

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Voy cerrando esta carta mi querido/a amigo/a. Dice Nietzsche (que no tenía un especial afecto por Pablo): “Valorar es crear. […] El valorar mismo es el tesoro y la joya de todas las cosas valoradas”. De aquí que amar vuelva a las cosas amables, intensificar el amor, anteponerlo en nuestro andar hace amable al mundo. Es cierto que hay algo de místico en esta noción, que exige demasiado para quienes normalmente nos movemos en el bondadoso horizonte de la amistad. Pero también es verdad que es posible planteárselo como un ejercicio, como un acercamiento a la comprensión de los límites de lo humano a través de una alegre búsqueda del aumento de las potencias en un sentido universal y desinteresado. No me considero particularmente religioso, pero eso no evita que pueda disfrutar de las bellas palabras e ideas de san Pablo que ahora comparto contigo. Ojalá que en este acto desinteresado encuentres al menos un motivo para la reflexión. Te dejo un fragmento para cerrar mostrando en pocas palabras la universalidad del mensaje del que aquí hablamos y te deseo un feliz descanso en estos días de asueto. ¡Salud!

El amor es paciente, es benigno; el amor no es envidioso; el amor no es presumido ni orgulloso; no se comporta con rudeza ni es egoísta ni se enoja fácilmente ni guarda rencor; al amor no le gustan las injusticias y se regocija con cuando triunfa la verdad. (Corintios 13:4-5)

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