El milagro de la vida. Un texto para agradecer a mi madre

Agradecer es parte del milagro de la vida

Un milagro es el instrumento para la admiración. Es el medio, el vehículo por el cual acontece el asombro ante algo. El nacimiento es justamente este milagro de la vida en tanto que, cuando acontece, nos admiramos de su posibilidad. Nacer es el vehículo para admirarse de la vida misma, de su asombrosa posibilidad. Los protagonistas de ese milagro son dos: el recién nacido y su madre. Una historia repetida día a día, minuto a minuto. Siempre igual, pero no por ello menos singular cada que acontece. El nacimiento, el encuentro con nuestra madre, es algo que está en cada uno de nosotros como una historia en perpetua variación.

Siguiendo la metáfora de Peter Sloterdijk puede decirse que abandonamos la comodidad de esa burbuja acuática para comenzar el camino de construcción de otra esfera, una que tiene en lo etéreo su principal componente. Henos ahí de pronto con la primera de las tareas vitales: aprender a respirar. La angustia, dice el psicoanálisis, nos lleva a romper en llanto porque sentimos que la vida se nos escapa. Lloramos por la asfixia que produce el venir a la vida. Pero el camino, en realidad, inicia con la sonrisa que es la semilla de la perfección en nuestro imaginario. Esa que nuestra madre nos regala a pesar de haber pasado por el dolor del parto.

El milagro de la vida y la sonrisa misteriosa

Ya Pascal Quignard destacaba nuestra evidente ausencia en el momento de nuestra concepción. Nuestro origen está siempre en un pasado donde claramente no puede estar nuestra mirada. El pudor, de hecho, nos lleva a desviar el pensamiento (otra forma de mirar) de esa escena prohibida. La sonrisa que da la bienvenida al milagro de la vida es una que se sustrae también a nuestra consciencia. Nuestros ojos inexpertos, ciegos ante lo que ocurre a nuestro alrededor, no son capaces de recibir del todo ese regalo maravilloso y desinteresado de nuestra madre.

La sonrisa que nos recibe es una melodía que dibuja el milagro del nacimiento. - tuitéalo    

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Nos queda entonces el oído. El tono de voz de nuestra madre conmovida nos atrapa de pronto. Estamos ahí, maravillados intentando seguir el rastro de la que será por siempre la voz de nuestra consciencia. Ahí donde los ojos no llegan llega el oído. El milagro de la vida es, en sus primeros momentos, un canto alegre de bienvenida. De ahí que la sonrisa que tenemos en la memoria sea una imagen acústica, un auténtico símbolo en donde madre e hijo se unen por primera vez y para siempre.

La semilla de la imaginación

Durante toda nuestra infancia hemos de recrearnos en esa música del milagro. No hemos podido asistir visualmente al momento de la sonrisa, pero podemos imaginarla perfectamente. El corazón reacciona y aumenta un poco sus latidos. El cuerpo tiene más de una manera de dar forma a la imagen. - tuitéalo     Reacciona ante la posibilidad misma de ver la sonrisa de nuestra madre en ese momento de primer encuentro. Ese instante se abre camino entonces entre las sensaciones y nos llena de alegría el poder ver, por fin, la sonrisa misteriosa. Descubrimos entonces que la escena ha puesto en nosotros el germen de la imaginación: una melodía que se hace imagen.

Imaginando recreamos el milagro de la vida.  - tuitéalo    

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Nuestra madre no es solamente una voz moral. No solamente obtenemos de ahí los imperativos fundamentales para nuestro comportamiento. La madre es el milagro de la vida porque con su amor incondicional, con esa sonrisa que borra todo dolor, nos regala también el secreto de la creación. Imaginar no es cosa de ver con los ojos. La imagen, nuestra propia imagen, se construye de la mano de la emoción y es siempre un canto a la vida. Imaginar el momento de nuestro primer encuentro con sus brazos es un acto que se graba en cada célula. Es desde ahí que podemos reproducir y recrear. Nuestra imaginación es una recreación del momento en que acontece el milagro de la vida.

El deseo y el agradecimiento

¿Quién no desearía poder revivir ese instante maravilloso de felicidad? ¿Qué voluntad puede resistirse a ese primer encuentro? El deseo nos llama con fuerza en dirección al origen. - tuitéalo     Henos ahí como fantasmas que contemplan conmovidos a una madre abrazando a su hijo por primera vez. Las lágrimas nos recorren el rostro ahora espectral. Es un milagro, qué duda cabe. Y de pronto el corazón aprende a decir gracias. Late en un ritmo distinto. Salta otra vez y no hace sino llenar cada rincón del cuerpo con su agradecimiento. El milagro de la vida nos asombra con su amor desinteresado, pone en nosotros la semilla de la imaginación y nos da la más sincera lección de agradecimiento.

Agradecer es parte del milagro de la vida y su primera sonrisa. - tuitéalo    

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Es entonces que nos percatamos de que el infante, desde la perplejidad ante su nueva esfera y sus innumerables estímulos, encuentra el aroma de la madre. Dirige su atención a esa presencia familiar y devuelve la sonrisa. Así, sin saberlo, ha aprendido a agradecer. Así sabrá desde entonces cómo reconocer el amor recíproco. En cada gracias estará esa sonrisa materna y el espejo de nuestro rostro devolviéndola. En la firma propia y singular de nuestro agradecimiento resplandece el primer encuentro. Está ahí el gracias por la vida de un hijo hacia su madre y el gracias por llenar mi vida de una madre hacia su hijo. Perfecta comunidad amorosa que es infalible luz en cada uno de nuestros días. Por eso no queda sino decir una cosa: gracias madre por el milagro de la vida que comparto contigo.

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Carlos Alberto Girón Lozano

Blogger y content creator. Apasionado de lo que hago, buscando siempre proyectos interesantes para ampliar horizontes. Lo que ves aquí son los mares por los que me muevo, así que te invito a seguirme, suscribirte y navegar conmigo. Este es tu rincón y la imaginación es el límite.

  • No se suele tener en cuenta que, algún día, seremos nosotros quien tendremos que cuidar a nuestra madre.

    Con los avances de la ciencia, no es tan raro que pueda a llegar a tener más de 90 años con las demencias propias de dicha edad. Entonces, no será todo tan bonito.

    Así que sería bueno recordar los buenos momentos de la infancia para tener fuerzas para soportar los malos momentos de la demencia.

    • Mi querido ratón, el miedo es una esperanza de dolor en el futuro. Podemos también quitar la parte del dolor y quedarnos con la esperanza de una vida tan sabia como para saber retirarnos de la partida a tiempo. Pero, como bien dices, mejor sembrar la vida de sonrisas para cuando hagan falta. ¡Abrazo roedor!