Nos alcanzó la Navidad

Nos alcanzó la Navidad y otros microrelatos de la estación presente

El aire era frío. Una frase de esas que no parecen tener demasiado sentido, que se dicen para remarcar lo que sería obvio si se compartiera ese instante en las mismas coordenadas de tiempo y espacio. Por eso no sé muy bien la razón que nos lleva a utilizarlas para romper el hielo. Será por lo sencillo que resulta decirle a esa chica con la que te has topado a solas en el andén: Pues, nos alcanzó la Navidad. Sí, estamos en la recta final de diciembre y es más que evidente que la Navidad nos pisa los talones. Pero es que, ¿de qué hablamos con alguien a quien no conocemos?

Hay una chica que no debe pasar de los 13 años que todas las mañanas espera a alguien en una de las ventanas de la estación. A veces hace bastante frío y ella está ahí con la mirada clavada en un libro o algunos de los apuntes del colegio. Me gustaría saber quién es ese o esa al que espera. Pero sobre todo me gustaría saber si ese misterioso personaje sabe lo afortunado que es. Si es consciente del tiempo que le regala esta persona con un acto tan noble y sencillo como el de sentarse a esperar cada mañana mientras los ríos de gente pasan a su lado indiferentes y el aire sigue estando frío. Quizá un día me siente a su lado y espere con ella. Y quizá un día alguien nos mire para escribir unas cuantas líneas sobre ello.

¿Y si hacemos un intercambio de tiempo? - tuitéalo    

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Ella quiere dormir. Supongo que las últimas semanas han sido demasiado pesadas. Estudiar una carrera puede llegar a ser algo bastante duro. Es fácil reconocer a quien está poniendo empeño en ello y a quienes les gusta la adrenalina del último minuto, los que devoran en un cuarto de hora todo el contenido que pueden y hacer frente al temido examen. Los que se han quedado hasta tarde con el estudio como único acompañante aprovechan el viaje para cerrar los ojos. Aunque es complicado conciliar el sueño mientras otros más jóvenes hacen del trayecto el momento de intercambiar historias. Ella quiere dormir, pero aquellas otras están muy interesadas en saber lo que ha pasado el fin de semana. Eso le fastidia un poco, pero los párpados son demasiado pesados y no le da tiempo ya de mirar al alegre grupo que ha invadido el tren en la última estación.

Hay algunos que están listos para comerse al mundo. Los auriculares les desconectan de la realidad. Miran de frente, al vacío. La música es la que marca el ritmo de sus pensamientos. Son personas que no se inmutan, se mueven poco ante el movimiento incesante de ese sube y baja de gente. Cuando el tren sale de la ciudad las puertas dejan pasar un aire helado cada vez que se abren. Pero ellos no desvían la mirada de ese punto en el horizonte. Lo suyo es estar sumergidos en esa postura indiferente desde donde defienden su espacio. El código de vestimenta debe ir acorde con la actitud: ropa holgada, marcas por el cuerpo, cabello meticulosamente descuidado. Nada que haga pensar en ataduras, todo es una marca con un sentido propio. Son ellos los que se comerán al mundo por respetarlo tanto.

Por el afán de habitar el mundo vivimos en el olvido de los pequeños espacios. - tuitéalo    

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Todos miran sus pantallas y dejan de mirar otras miradas. El tópico de tópicos: la tecnología nos aleja. No, es mentira. El tren tiene más gente de la que podría contarse porque  que dentro hay cientos de redes humanas en diálogo. Subo e inicio el viaje junto con las voces que me acompañan. No nos vemos unos a otros, eso es cierto, pero hablamos, damos rienda suelta a nuestra curiosidad y, a veces, también nos encontramos. Es una manera distinta de mirar y una manera diferente de conversar. No hablamos con el otro a quien le robo el espacio en el asiento porque debo terminar de hablar con aquel a quien no veré durante el día. El mundo se volvió inmenso y por eso descuidamos los pequeños espacios, esos a los que antes llamábamos mundo. Hay quien pierde su parada y otros que se equivocan en la dirección del viaje. Todo por mirar esas pantallas que hacen ahora de bocas.

Ella baja en la próxima estación, lo sé. La veo cada mañana y no tengo el valor de acercarme decirle algo. El viento está frío, nos alcanzó la Navidad, el tren viene un poco tarde… Nada, el silencio. La chica seguirá esperando en la estación, aquella otra abrirá los ojos para seguir su camino, él seguirá viendo al horizonte y nadie la mirará a ella por estar atentos a sus pantallas. La veo salir y la veo de nuevo cuando el tren avanza. Quizá la próxima vez pueda decirle algo. Cuando la Navidad haya pasado y el aire deje de estar frío. Podría contarle de esos otros con los que compartimos el viaje. Eso es lo que nos une, lo que compartimos en secreto. Le deseo entonces una feliz Navidad y termino el viaje con una sonrisa. Mañana la volveré a ver.

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Carlos Alberto Girón Lozano

Blogger y content creator. Apasionado de lo que hago, buscando siempre proyectos interesantes para ampliar horizontes. Lo que ves aquí son los mares por los que me muevo, así que te invito a seguirme, suscribirte y navegar conmigo. Este es tu rincón y la imaginación es el límite.

  • Lo malo de las navidades blogueras es que siempre nos pilla sin haber preparado el resumen del año ni los propósitos para el siguiente. Con suerte, las musas nos habrán podido musitar algún cuento de navidad.

    Aunque siempre nos queda lo que tú dices: el aire está frío, nos alcanza la navidad, hablaré con ella otro día,…

    • Mi querido ratón. Uno de los propósitos es precisamente compartir más historias, dejar que las letras adopten algunas formas más libres para que la creatividad no pierda práctica en sus vuelos. Así que, mientras el aire sigue frío, te mando un abrazo de letras esperando que otro día (que bien puede ser hoy) hables con ella. ¡Abrazo roedor de Navidad!

  • Carolina

    Muy chulo el relato, Carlos 🙂
    Que tengas muy feliz Navidad!!!

    • Mi querida Carolina. Muchas gracias por tu comentario. También te deseo que estos y todos los días estén llenos de bendiciones para ti. Que la luz de tu carácter se contagie por el mundo y te devuelva la misma amabilidad a cada paso. ¡Un abrazo fuerte!