House of cards o de las verdaderas ficciones del poder

House of cards es una serie que te atrapa

Los pocos momentos de descanso que he tenido durante este verano los he invertido en ver, por fin, la tercera temporada de House of cards. No soy precisamente el mayor consumidor de series de este planeta, pero no es porque no me enganche, sino porque lo hago tanto que termino pasando días enteros sin hacer otra cosa. Con esta serie es distinto: soy un completo fan de Kevin Spacey. Su actuación es un argumento contra el que me doy por vencido al instante. Si no has visto la serie quizá encuentres aquí demasiados spoilers, así que ve con cuidado que me propongo dar un repaso por lo que hemos visto hasta ahora de Frank y Claire Underwood.

La idea central de House of cards está en mostrar ese rostro siniestro y desalmado del poder. La búsqueda del beneficio propio, la despiadada escalada hasta la cima con las incontables historias de los caídos en la batalla. En política solamente uno puede ocupar la cúspide de la pirámide. - tuitéalo     El poder es tal cuando se concentra en un punto, en el centro de mando que es quien tiene siempre la última palabra. El presidencialismo lo sabe muy bien, a pesar de todos los contrapesos inventados para acotar su margen de acción y prevenir efectos tiránicos. Frank Underwood quiere ese sitio y se despoja de todo escrúpulo para conseguirlo.

House of cards y el cuarto poder

El gran éxito de la serie está en los múltiples elementos con los que el espectador puede engancharse: desde el más básico como es el morbo de ver lo que sucede detrás de los blancos muros de Washington, hasta el deleite en el diseño de los laberintos políticos que se emplean para llegar a un objetivo. A veces el simple aroma de la carnicería que se anuncia es suficiente para mantenerse pegado a la pantalla. Poder, sexo, dinero, violencia y todo sin perder el traje y la corbata del congresista. El personaje que encarna Spacey, hay que admitirlo, resulta fascinante para la condición humana. Nuestras pesadillas con respecto al poder se ven confirmadas en esta ficción y eso tiene ya un cierto efecto catártico.

La primera temporada de House of cards muestra la fuerza del cuarto poder. - tuitéalo    

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La primera temporada tiene un punto de apoyo fundamental en los medios de comunicación. El congresista Underwood muestra sus habilidades en el uso de los medios para forzar escenarios. Se muestra la disociación entre el mundo real y el de la opinión pública. Estos nunca se separan del todo y se influyen mutuamente, pero el resultado siempre es que el segundo, el de la opinión pública, está lleno de minas de ficción puestas ahí para que el público estalle en los momentos justos. El cuarto poder es fundamental en la primera etapa de House of cards donde la manipulación de la información es clave para arrebatar las posiciones estratégicas en el tablero.

La presidencia sin votos

La intriga rinde sus frutos, pero el laberinto del poder que propone House of cards tiene un nuevo invitado: el dinero privado. La segunda temporada es el esfuerzo por conseguir el jaque mate y abrir la puerta al Minotauro. Para vencer al rey no hay que matarlo, basta con acorralarlo. - tuitéalo     El problema es que el tablero se extiende hacia un territorio que va siempre de la mano de la política: la economía. Raymond Tusk, empresario multimillonario, es la voz detrás de un endeble presidente que es atacado por todos los frentes, desde el político hasta el de la vida marital. Es Tusk el verdadero rival de Frank Underwood, es el último escalón para llegar a la meta. En la primera temporada se domina al cuarto poder, mientras que en la segunda hay que atar la mano oculta del dinero que acompaña siempre a los gobernantes.

Los intereses económicos aparecen en la segunda temporada de House of cards. - tuitéalo    

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Por más ficción que sea House of cards presenta una opción alucinante para la silla desde donde se dirige el país más poderoso del mundo: se puede ser presidente sin un solo voto. Puede que parezca descabellado, pero es perfectamente posible y esta temporada concluye de esa manera. ¿A quién le debe lealtad un presidente que llega al poder por su astucia y no por el mandato popular? Frank Underwood se enfrenta a la Escila (medios) y Caribdis (intereses económicos) del poder hasta domarlos y hacerse del preciado trono. Todo parece indicar que no hay aquí Teseo que salga victorioso, sino que es el Minotauro mismo el que se ha alzado con la victoria.

El castillo de naipes se derrumba

La conclusión de la segunda temporada parecía cerrar la historia. El congresista Underwood consigue su objetivo y se convierte en el hombre más poderoso del mundo. Pero la tercera temporada no nos muestra a esta figura casi omnipotente, sino que vemos cómo el político más astuto y eficaz de la Casa Blanca va quedando sepultado bajo la parálisis legislativa y la presión de las decisiones de gobierno. Interesante ver que es siempre más sencillo escalar a la cima que mantenerse en ella o, en otras palabras, mantener la posición de privilegio implica un juego diferente porque eres tú quien es el objeto de ataque mientras tienes que cargar con un país a tus espaldas. Más de la mitad de los episodios de esta nueva temporada desmontan la hasta ahora titánica figura de Frank Underwood.

En la tercera temporada el poder de House of cards el castillo de naipes parece caer. - tuitéalo    

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Pero Underwood no es un apellido de un solo rostro. Mientras toda la atención está en el presidente hay una figura que va creciendo de manera silenciosa: Claire Underwood (Robin Wright). Lo que es una temporada bastante lenta, y hasta decepcionante (gobernar no es tan divertido como las intrigas del poder), recobra el aliento en los episodios finales donde la primera dama adquiere su independencia. Es entonces cuando sabemos que el desgaste de Frank es sólo para pulir a Claire. Esto no es sólo una estrategia para asegurar la expectativa de una cuarta temporada (no hay un cierre de la historia como sí pudo haberlo al final de la segunda), sino que dar esta importancia al personaje de Claire, que tiene ya un tufo de candidata a la presidencia, es bastante conveniente si pensamos que la cuarta entrega llegará al mismo tiempo que la carrera presidencial en los Estados Unidos.

House of cards logró atrapar la atención del público y ahora puede volverse factor en la generación de opinión. La historia de una primera dama empoderada, un personaje femenino que se coloca en el centro de atención en pleno contexto electoral, no puede ser mera coincidencia. La serie es parte del cuarto poder que se dibujó en la primera temporada, por lo que habría que estar atentos a la relación entre el argumento de su cuarta temporada y lo que haga Hillary Clinton que, si no pasa nada raro, será la candidata demócrata a suceder a Barack Obama. La apuesta de Netflix, por tanto, parece ser la de dialogar de manera bastante cercana con el mundo real. ¿Terminarán ganando todos?

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Carlos Alberto Girón Lozano

Blogger y content creator. Apasionado de lo que hago, buscando siempre proyectos interesantes para ampliar horizontes. Lo que ves aquí son los mares por los que me muevo, así que te invito a seguirme, suscribirte y navegar conmigo. Este es tu rincón y la imaginación es el límite.

  • El poder y el escenario. Tiene mucha más gracia construir el escenario que conseguir el poder.

    Si construyes el escenario, el poder es solo un personaje más.

    • Mi querido ratón. Sin duda que la construcción del escenario tiene mucha más gracia que el ejercicio del poder. Ahí están metidas la intriga, la avaricia y tantas otras linduras de lo humano. Aunque creo que se podría sacar mejor partido de ese personaje del poder y no apostarlo todo a desmontar al extraordinario (histriónicamente hablando) Frank Underwood. ¡Abrazo roedor!