Tinto de verano con Octavio Paz

Una historia que es tan singular como el tinto de verano

Esta es una historia de verano. Para contarla me hago acompañar de un viejo amigo y maestro, uno que supo ver en las palabras la llave de lo intemporal: Octavio Paz. No es que pretenda hacer poesía de lo pasado, sino que lo pasado tiene ya tanta poesía que los dedos no logran escapar de ella por más que corran en el teclado. Ya desde su inicio el aroma de misterio se deja sentir en todo su esplendor. El escenario es la Noche de San Juan, esa en la que las hogueras quieren servir de fuerza al Sol que a partir de ese momento culminante comenzará su lento declive.

Un nacimiento obscuro, sin orillas,
nace en la noche de verano.
Y en tu pupila nace todo el cielo.

Hay modas que logran arraigarse hasta que se vuelven costumbres. El tinto de verano, por ejemplo, aguarda paciente a que el astro rey haga su trabajo para que de nuestras sedientas bocas salga su nombre. ¡Caballero! Un tinto de verano por favor. La tintura de la estación tiene un sabor a limón que se mezcla con el vino que es siempre sinónimo de un trabajo delicado, de un tiempo de espera y paciencia que va del viñedo a la barrica y de ésta a la botella y la copa. Se mezcla así el producto de una labor que colinda con lo artístico y una bebida surgida de la industrialización que fusiona agua y dióxido de carbono. El tinto de verano es un perfecto retrato de nuestro tiempo donde lo ancestral convive con lo moderno.

Esta historia es la de un encuentro igualmente singular. Uno que sólo podía darse en esta estación, como el tinto de verano. Ella encierra en su rostro la delicada elaboración del vino. Su presencia en el mundo es obra de esa paciencia que hace nacer de la tierra el fruto perfecto. - tuitéalo     Él es todo mestizaje, un fortuito encuentro de elementos venido de un continente lejano. Tiene esa impredecible efervescencia que dispara aquí y allá burbujas produciendo un constante cosquilleo. Su artificialidad se compensa con el arraigo terrenal de ella, con su respeto por todo lo que tiene al suelo terrestre como su origen. Por eso tenían que conocerse en la arena, con una hoguera de testigo y con la antigua celebración que nos recuerda nuestra conexión con los tiempos del mundo como escenario.

Tu largo pelo rojizo,
relámpago del verano,
vibra con dulce violencia
en la espalda de la noche.

Constataron así la magia de una noche antigua, una que se repite al compás del tiempo de las estrellas. Creyeron entonces que lo suyo era único, que era de esas cosas que no se han visto nunca. Jugaron a saltar el fuego para purificarse con el roce de las llamas. Guardaron con celo un trozo de madera consumida por esas horas que les vieron encontrarse. Es así como se vive un historia de amor: fuera del tiempo, más allá de cronologías que nada saben de la fantasía cumplida. Se conocieron y fueron desde entonces inmortales. - tuitéalo     Sus nombres quedaron en la arena del reloj del mundo. Desde ahora el solsticio sería también el punto del recuerdo, el momento en que la marea del tiempo deja ver ese grabado de miradas y suspiros al que ellos, no sin ingenuidad, le llaman origen.

Mira el poder del mundo: reconócete ya, al reconocerme.

Por eso el corazón se alegra con la llegada del verano. Presiente ya el fuego del recuerdo. La maquinaria del corazón logra anudar la cuerda rota del olvido. - tuitéalo     En su palpitar se escriben las notas de ese canto de sirenas que desde las aguas maternas nos acompaña. Ya toca a la puerta, la emoción es un puño en el estómago, un vano intento de hacer brotar las palabras mientras las manos se desviven en toscas caricias. Damos la bienvenida a lo que siempre estuvo ahí, a lo que nunca nació y por tanto no muere. ¿Eres tú acaso el rostro de mi eternidad?

El corazón presiente y se incorpora,
mentida plenitud que nadie toca:
hoy es ayer y es siempre y es deshora.

Se conocieron en un sueño y despertaron un día juntos. Descubrieron su desnudez, su fragilidad, su hambre y el dolor de las horas andadas. Se abrazaron sin importar las espinas que todavía les cubrían el cuerpo. A veces se les ve sanando las heridas con la sal de las lágrimas. Unas de esa fuente de la risa y otras del cuenco de la pena. Pero llega siempre la noche, el mar en el que cuenco y fuente vierten sus aguas para llenar el mundo de relatos. Ahí se vuelven a encontrar como en la Noche de San Juan. Él la ve dormir y ella respira tranquila sabiéndose segura bajo el manto de estrellas. Nada le importa, ni él ni sus manías. Despertarán juntos para reanudar la historia, así como el corazón anudaba ya la cuerda rota del olvido.

Entre las sombras que te anegan
otro rostro amanece.
Y siento que a mi lado
no eres tú la que duerme,
sino la niña aquella que fuiste
y que esperaba sólo que durmieras
para volver y conocerme.

Vuelve la efervescencia y sus cosquillas. Vuelve también el balanceado sabor que cuenta la historia de un tinto servido en verano. Se encuentran de nuevo con el solsticio, se ríen de las estaciones y entonces vuelven a verse. Él la mira, ella lo mira. Entre las miradas se encuentra el mediodía, el cenit de sus vidas entrelazadas. No necesitan nada más que mirarse. El silencio es pleno, el yo se agazapa temblando de miedo en su guarida y se miran, nada más se miran. Encuentran el tiempo en su mirarse. Luego se toman de la mano y siguen andando mientras sus sombras se besan tramando la siguiente noche estrellada. Dicen entonces que él, siempre impaciente, murmura un gracias, la besa en la frente y se pone a bailar para ella porque así puede cubrirse con su sonrisa.

La vi una tarde y una mañana y un mediodía y otra tarde
y otra
(Porque lo inesperado se repite y los milagros son cotidianos y
están a nuestro alcance
Como el sol y la espiga y la ola y el fruto: basta abrir bien los
ojos) y desde entonces creo en los árboles

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Carlos Alberto Girón Lozano

Blogger y content creator. Apasionado de lo que hago, buscando siempre proyectos interesantes para ampliar horizontes. Lo que ves aquí son los mares por los que me muevo, así que te invito a seguirme, suscribirte y navegar conmigo. Este es tu rincón y la imaginación es el límite.

  • Un tinto de verano puede decir tantas cosas como un ‘gincoment’ cuando estamos en buena compañía…

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