Civis mundus sum: el momento ciudadano toca a la puerta

Las elecciones son un momento ciudadano fundamental

La idea de un momento ciudadano puede sonar a un discurso de moda, a una especie de tendencia en un año marcado por las elecciones. Coincide que tanto España como México acudirán a las urnas para realizar ese importante ejercicio democrático. No, no hay ninguna ironía en esta frase, aunque en los tiempos que corren parece que al hablar de democracia es inevitable responder con fastidio: ¿cuál democracia? Se trata del desencanto propio de una época en la que las instituciones no logran responder a los distintos tipos de crisis que se presentan. A lo que habría que sumar los escándalos de corrupción que minan la confianza en quienes ocupan un puesto público.

Tenemos, de entrada, dos contextos diferentes. La crisis económica que atraviesa Europa y las políticas de austeridad impulsadas por el gobierno de Merkel han dado una sacudida a las condiciones de vida de los ciudadanos que se refleja, entre otras cosas, en un notorio descontento. Se añade, como ya he dicho, el creciente número de escándalos de corrupción que no terminan por esclarecerse ni por encontrar salidas que den un castigo claro a los responsables. Este elemento es común a los dos países que aquí me interesan, aunque en el caso de México, además del factor económico, tenemos una crisis de seguridad que ha encontrado la gota que hacía falta para derramar el vaso en la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

El momento ciudadano ante la (in)seguridad

Voy a recurrir a algunas de las ideas que Eugenio Trías expresa en un libro del que ya hemos hablado por aquí: La política y su sombra. Trías nos recuerda que los planteamientos del Leviatán de Hobbes tienen su fundamento en un profundo conocimiento de los libros del Antiguo Testamento. La igualdad que nos caracteriza de acuerdo a Hobbes viene dada por un elemento de quien sería nuestro verdadero padre: Caín, el fratricida. “Nuestro primer padre no es Adán sino Caín. La historia humana tiene su origen en un fratricidio originario”, nos dice Eugenio Trías. - tuitéalo     Esto, por supuesto, siguiendo la línea de la exposición de Hobbes.

Lo que se enajena con la libertad se cobra y se disfruta en forma de seguridad. E. Trías - tuitéalo    

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Lo que tenemos, por tanto, es una paridad en la posibilidad de acabar con la vida del otro. Cualquiera puede convertirse en asesino, por lo que una entidad que garantice nuestra seguridad se vuelve necesaria. Esto es lo que sustenta a ese gran monstruo, el Leviatán del Estado que tomará para sí el uso de la violencia de manera exclusiva y con el fin de garantizar las condiciones de seguridad que la población necesita. Pero esto supone que los ciudadanos han cedido una parte de su libertad a ese Estado esperando a cambio que le brinde las condiciones para desarrollarse sin tener que temer por su vida. La economía interna de la política intercambia un poco de libertad por seguridad.  - tuitéalo     Este es el punto de arranque del pacto social desde la perspectiva de Hobbes.

Antes de la política, antes del ejercicio organizado del poder, está el miedo ante la posibilidad de la muerte a manos del otro. El sentido del pacto que lleva a la configuración del Estado es poner un límite a esa posibilidad para mantener a distancia ese miedo. El problema es cuando el ejercicio político se vale de esa misma emoción para refrendarse o aferrarse al poder:

Una política erigida sobre el miedo, o que lo fomenta y propicia, o que tiende a inocularlo y propagarlo, es justamente la política que acaba triturando todos los restantes valores: la justicia, la libertad, la buena vida, la igualdad, la fraternidad. Eugenio Trías

El momento ciudadano llega precisamente cuando el valor de la seguridad comienza a tomar un tinte predominante y se convierte en bruma que impide ver el resto de los valores esenciales del territorio cívico. Ceder un poco de libertad al Estado no implica renunciar a un uso crítico de la inteligencia. - tuitéalo     Por el contrario, cuando los representantes populares pierden el rumbo es cuando más necesario se vuelve que los ciudadanos se hagan presentes en las urnas para demandar un golpe de timón. La predominancia del miedo, la insatisfacción al no poder garantizar un desarrollo pleno de la propia vida, es una llamada a refundar el orden político desde su base. Para ello no hay que ir muy lejos, basta con mirarse al espejo.

Y uno para todos

En épocas de grandes dificultades parece que prevalece la primera parte del lema de Los tres mosqueteros: todos para uno. El Estado, en efecto, hace una llamado a cada una de sus células para dotarse de la fuerza necesaria y afrontar así el difícil momento. Pero es entonces cuando quien dirige puede sufrir los efectos de la cumbre, el mareo que el poder produce hasta que se vuelve evidente el olvido del inseparable complemento del lema: y uno para todos. Hay que reconocer que los tiempos en el sube y baja de esta frase no son sencillos de determinar, pero resulta difícil esconder cuando el retorno de lo otorgado a ese uno se está demorando.

Entre el todos para uno y el uno para todos hay un hiato que puede volverse problemático. - tuitéalo    

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Hace unos días veíamos la histórica fotografía que reúne a los líderes políticos de Europa en una marcha en contra del terrorismo. Es una imagen más que elocuente: Europa es una ante el ataque a los valores que le dan sustento. Un discurso conveniente después de unas semanas de dimes y diretes en torno al futuro de la moneda única y, sobre todo, para hacer aparecer un tema en la agenda de todas las naciones: la cuestión de la seguridad. No es exagerada ninguna petición de mesura. En un contexto de crisis económica la xenofobia, y otras tantas malas consejeras, encuentran un terreno fértil. Mientras tanto, tenemos una variante más de esa petición del todos para uno que le gana un poco más de tiempo a la esperada vuelta del uno para todos.

Cuando el tema económico empieza a cansar aparece el tema de la seguridad. La fórmula la hemos visto ya muchas veces. Esto no quiere decir que ninguno de los problemas sean reales, no hay que caer en la teoría de la conspiración que es capaz de probar cualquier cosa. El problema existe, pero demanda de un momento ciudadano, es decir, de una reflexión por parte de cada uno de nosotros para no permitir que uno de los componentes de nuestro entorno compartido termine por desequilibrar al conjunto. Ante el llamado del todos para uno hay que saber muy bien qué es lo que nos piden y qué es lo que se debe obtener a cambio. Las hojas de ruta nebulosas o monotemáticas deben encender las luces de alarma.

La demanda del uno para todos es la del legítimo retorno de lo que antes hemos aportado. - tuitéalo    

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Para el ejercicio electoral que nos espera, es decir, para ese momento en el que el momento ciudadano se manifiesta, hay dos elementos que me parecen muy interesantes. Por un lado, en España, está la agrupación Podemos que ha ganado mucha fuerza en los últimos meses. Una alternativa a los dos partidos hegemónicos. Desde los medios no hay día en que no se mencione su nombre junto con el de Hugo Chávez, y con frecuencia se usan adjetivos relacionados con el peligro. Otra respuesta que parece de manual y que a mis amigas y amigos de México les sonará muy familiar.

Sigo con mucho interés el desarrollo del proceso electoral en estas tierras. Espero poder ver el momento ciudadano consolidando la ventaja o cediendo ante el miedo que se intenta sembrar entre los electores. No digo que una cosa sea mejor que la otra, ambas son posibilidades en juego. De lo contrario no sería un ejercicio democrático. Lo que interesa, por tanto, es ver la argumentación y la participación. Después se requiere de tiempo para saber si el resultado es el esperado o si hay que volver a intentarlo. Hasta el momento hay que decir que el debate se concentra más en la descalificación que en una verdadera intención de contrastar programas. Punto para Podemos.

El denominador común del momento ciudadano es el surgimiento de alternativas. - tuitéalo    

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Finalmente, en México ha aparecido una opción que desde hace mucho tiempo esperaba ver: la posibilidad de una candidatura ajena a los partidos políticos. Veo que en mi ciudad natal un buen amigo ha tomado la valiente decisión de decir basta a una estructura que tomó la imposición como su arma y emprendió la difícil tarea de una candidatura independiente. Le deseo la mejor de las suertes a Alfonso Martínez y la sabiduría necesaria para articular un programa que no sólo se separe de los partidos, sino que realmente se acerque a un ejercicio ciudadano, es decir, abierto, plural, incluyente y crítico.

Nadie está exento de errores, pero lo esencial es que la transparencia deje claras las causas y la voluntad de poner remedio. Su participación dará un aire fresco al enrarecido ambiente donde impera el desencanto y la desconfianza. Independientemente del resultado, hay que valorar la importancia que tiene el poder contar con un candidato que no milite en los partidos y que, por tanto, pueda tejer su propuesta a partir de unas posibilidades más amplias. Truculenta tarea, pero una que nos dejará a todos lecciones muy importantes de cara al futuro. En ambas latitudes lo importante es la mesura y la serenidad para no dejar que la seguridad o la economía quiten el lustre a la libertad, la justicia y la felicidad o buena vida. Espero que las propuestas brillen por ser algo más que una novedad en el panorama y que se concreten en caso de convencer a los electores. En las elecciones el grito es el de todos para uno, pero en la redacción misma del programa de gobierno debe estar ya la respuesta: y uno para todos.

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Carlos Alberto Girón Lozano

Blogger y content creator. Apasionado de lo que hago, buscando siempre proyectos interesantes para ampliar horizontes. Lo que ves aquí son los mares por los que me muevo, así que te invito a seguirme, suscribirte y navegar conmigo. Este es tu rincón y la imaginación es el límite.

  • Si cambiamos la palabra crisis por estafa, todo se entiende mejor. Por el momento, hay recursos para todos pero bastante mal repartidos. Todos sabemos de fármacos cuyo coste se puede asumir perfectamente si no fuera por el precio desórbitado que quieren conseguir las farmacéuticas con su correspondiente % que irá a los bolsillos de quienes todos conocemos:

    En el chiste de la imagen, el presidente de Grecia le pregunta al español:

    – Mariano, ¿tú que haces aquí?
    – Es que en España, si me manifiesto, me multan.

    Aunque ya la he puesto alguna vez, conviene echar de vez en cuando una ojeada a esta web:

    http://nosomosdelito.net/

    Y muy probablemente, la ciudadanía en España le va a tener que hacer el trabajo político a los partidos en las próximas elecciones.

    • Podríamos decir, mi estimado ratón, que lo que el ciudadano siente como estafa es para el economista una crisis. Las fronteras entre los conceptos no siempre son claras, pero esto se debe, sobre todo, a que muchas veces el economista habla de ello como si se tratara de una fase natural, como si hablara de un cambio de estación perfectamente comprensible por obedecer a leyes inmutables. Se olvida, entonces, que la economía es una esfera donde las decisiones humanas mandan a pesar de tener que sortear con lo imprevistos de la naturaleza. La crisis, por tanto, no es un cambio de estación, sino una salida en falso en un laberinto diseñado por humanos y para lo humano. ¡Abrazo roedor!

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