Filoblogging: los límites del antecedente y el consecuente

Tanto el antecedente como el consecuente de un argumento tienen sus límites

Creo que estamos muy cerca de poder hacer una pausa en esta serie de artículos que buscan brindar un panorama general de la lógica y su utilidad al momento de escribir en un blog. No obstante, hay algunos detalles que considero que vale la pena agregar y revisar aunque hayan quedado ya insinuados en otros textos. Para esta edición será importante refrescar la memoria en torno a la diferencia entre lo suficiente y lo necesario, así como la importancia de la estructura de un argumento. Nos centraremos en los elementos del argumento condicional que es uno de los más sencillos de reconocer y, por lo tanto, nos ayudará a concretar algunas ideas.

El argumento condicional se compone de tres elementos fundamentales: el antecedente, el consecuente y la conclusión. Lo encontramos siempre que se intenta establecer una relación de causalidad entre dos elementos: si esto entonces aquello. En esta sencilla oración tenemos dos de los tres elementos fundamentales. Cualquier cosa que tome el lugar del ‘esto’ será el antecedente, es decir, la condición que estamos estableciendo para que se cumpla la relación de causa y efecto. El ‘aquello’, evidentemente, es el consecuente o efecto. ¿Dónde está la conclusión? En esta frase no aparece, aunque si asumimos que la condición se cumple, esto es, que el ‘aquello’ en efecto sucede, entonces podemos encontrarla. Dicho de manera más esquemática: si A entonces B, efectivamente A, entonces B. El ‘efectivamente A’, es decir, el elemento que afirma o niega algo de lo dicho en el condicional es lo que hace falta para tener el argumento completo y válido, lo que hace posible una conclusión. De otra manera se caerá en alguno de los siguientes casos falaces.

Falacia de la negación del antecedente

Queda claro entonces que la función del antecedente es la de proponer una relación de causalidad entre dos elementos. Si las nubes son oscuras entonces llueve, si la noche es despejada vemos las estrellas, si me quieres no me dejarás nunca. Y otras tantas monerías que uno puede encontrarse por ahí. Ya se ve que los elementos puestos en relación tienen algo en común: son parcialmente ciertos, pero no queda claro que se trate de una condición necesaria para que la relación de causalidad se verifique. Es probable que una nube oscura pase de largo sin dejar caer una sola gota, que una noche despejada no nos muestre las estrellas y, sobre todo, que exista una ruptura sin que eso afecte del todo la querencia. El antecedente, por tanto, regularmente establece condiciones suficientes que no son sino una de las posibilidades que tiene algo para darse.

El antecedente establece condiciones de suficiencia, pero no siempre de necesidad. - tuitéalo    

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¿Cuál es entonces la falacia? Aquí es donde la cosa se pone interesante. Vamos a ver un ejemplo: si naces en la Ciudad de México entonces eres mexicano. Pero da la casualidad de que yo no nací en la Ciudad de México, ¿sigo siendo mexicano? Por supuesto que sí (léase el orgullo en cada letra). La negación del antecedente no puede derivar en una conclusión tajante del tipo: si no nació en la Ciudad de México entonces no es mexicano. Perdón si alguien siente un zumbido en los oídos al descubrir que este tipo de razonamiento es completamente falaz, pero es lo que hay. Si una de las condiciones establecidas en el antecedente no se cumple, lo más que se puede decir es que hay que buscar por otra parte.

En otras palabras, si no naces en el territorio mexicano, no tienes padres mexicanos y no realizaste trámites para obtener la nacionalidad, entonces sí que se puede decir que no eres mexicano (stricto sensu que no vamos a entrar en cuestiones un poco más románticas). De otra manera no se puede llegar a esa conclusión negando sólo una de las condiciones. Con esto puedes ver que un argumento puede armarse con varios antecedentes, pero hay que revisar siempre que las condiciones propuestas realmente agoten las posibilidades hasta poder afirmar que es necesario que al menos una se cumpla.

Cuando decimos: si A entonces B, que A no se dé no significa que B no sea posible. - tuitéalo    

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Para expresarlo en términos esquemáticos diremos que la negación de una condición suficiente no permite concluir nada. Dicho todavía más claro: lo único que se puede decir y concluir de una relación del tipo si A entonces B, es justamente lo que queda ahí enunciado: siempre que A acontezca entonces se podrá asumir que B también lo hace, pero B es posible también por otras causas. Nada más y nada menos. Así, que A no se dé no afecta necesariamente a B que bien puede darse por otros caminos. Ahora sí que puedes comenzar a divertirte encontrando casos para ejemplificar esto. Mientras tanto vamos a ver el otro lado de la moneda.

Falacia de la afirmación del consecuente

Vamos a seguir dentro del mismo esquema para ver lo que pasa con el otro lado del argumento: el consecuente. Nos quedamos con el ejemplo anterior para ayudar a clarificar ambos casos. Tenemos, entonces, que sí que soy mexicano, es decir, que B se cumple, ¿significa esto que A también? Pues evidentemente no. En el caso que analizamos podemos ver que el ser mexicano puede llegar a darse por varios caminos, así que el hecho de que yo lo sea no significa en automático que pueda afirmarse el antecedente. Sucede que este tipo de afirmaciones no pueden leerse de un lado hacia el otro de manera indistinta: si nació en la Ciudad de México entonces es mexicano, si es mexicano entonces nació en la Ciudad de México. La primera es verdadera, mientras que la segunda es falsa por razones ahora muy evidentes.

La falacia del consecuente busca trasmitir la verdad de los efectos a las posibles causas. - tuitéalo    

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En la misma línea del caso anterior, lo que puede decirse es que si B falta entonces A también faltará. Si no soy mexicano entonces no nací en la Ciudad de México, pero tampoco tengo padres mexicanos ni realicé trámites para obtener la nacionalidad. Es decir, B, el consecuente, constituye una condición necesaria que en caso de faltar hace que todas las opciones que llevan a él se cancelen. Lo contrario es una falacia que se conoce como afirmación del consecuente. En otras palabras, afirmar B no hace verdaderas todas las opciones que llevan a él. Lo fácil que resulta percatarse del error no debe hacerte caer en excesos de confianza. Si se acepta que es suficiente con afirmar B para que cualquier elemento que se le quiera atribuir como causa resulte verdadero, entonces seguramente te toparás con auténticos absurdos, pero también con algunas peligrosas monstruosidades. Este par de elementos, finalmente, nos ayudarán a entender mejor el tema de la próxima semana con el que haremos el cierre de esta serie.

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Carlos Alberto Girón Lozano

Blogger y content creator. Apasionado de lo que hago, buscando siempre proyectos interesantes para ampliar horizontes. Lo que ves aquí son los mares por los que me muevo, así que te invito a seguirme, suscribirte y navegar conmigo. Este es tu rincón y la imaginación es el límite.

  • Todo esto se complica más en la blogosfera donde ciertos posts que pueden tener referentes parecidos, puede que no se parezcan nada entre sí…

    • Mi querido ratón, creo que ahora sí que me tienes que dar un ejemplo de lo que dices porque no sé si entiendo bien lo que quieres decir. 🙂 Perdona que no te siga la pista de queso. 😛

      • Me refiero a que la mayoría de los posts que leo últimamente (salvo los tuyos) sólo buscan la ‘conversión’ en vez de la conversación.

        ¿Acaso olvidan que los mercados son conversaciones y no conversiones?

  • Bolboreta Papallona

    Si Carlos Giron y #Jerby acompañan en sus aventuras a esta mariposa, entonces revolotea con más alegría por las flores de los blogs

    • Argumento válido mi querida mariposa. Muestra de que tu inteligencia colorida está revoloteando alegremente. Eso querrá decir entonces que te seguimos los aleteos tanto el ratón como yo. ¡Abrazo lepidóptero!