Currículum vítae o de la humildad en el trabajo

Una vinculación con la tierra como lugar de la fertilidad

Cuando se sale a buscar trabajo hay una tarea que no deja de ser un poco pesada: armar un currículum. Pareciera lo más sencillo del mundo porque, al fin de cuentas, se trata de hablar de lo que uno mismo ha hecho y de los lugares por los que ha pasado. Pero siempre asaltan las dudas, hay pequeñas voces por todos lados que te aconsejan incluir una cosa y omitir otra. Otras tantas te invitan a añadir secciones con habilidades, sueños, esperanzas… Vas a buscar en la red y te encuentras con recomendaciones igualmente contradictorias: brevedad, que el que revisa tiene mucho trabajo o sé muy específico que nunca se sabe.

Lo que sucede es que tenemos demasiada presión. Los meses pasan sin encontrar trabajo y eso te lleva a ajustar el currículo a las expectativas del potencial empleador. ¿Sabe usted cocinar? ¡Claro! Es mi pasión de toda la vida. He pasado por restaurantes de primera línea en París, pero de manera discreta porque no me gusta el protagonismo. Ya sabe usted cómo es ese ambiente lleno de mortales celos. La exageración vale siempre para impresionar y conseguir llamar la atención. - tuitéalo     Lo peor es que quienes llevan ese proceso lo saben (son los mismos que nos hacen recomendaciones por la red), de manera que se arma un curioso escenario teatral donde lo que sucede es que se mide la capacidad de representación más que otra cosa.

Exagerar en un CV parece valer más que una actitud humilde. - tuitéalo    

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Por otro lado, están esos requisitos exhorbitantes y hasta absurdos: cinco años de experiencia en el campo, especialización en el análisis de números naturales bajo la luz de la luna de otoño, máster en peticiones de café en la cadena esa del logotipo verde. Con respecto a la primera de las opciones no hace mucho que veía una oferta de empleo que pedía una experiencia de cinco a seis años en redes sociales. Algo sumamente curioso si pensamos que la gran expansión de Facebook, la pionera en cierto sentido, se dio entre 2006 y 2008 para comenzar a dar saltos gigantes en los siguientes años. Esto quiere decir que los candidatos a este tipo de puestos debían ser aquellos afortunados que vieron lo que pasaba con Facebook y comenzaron a trabajar duro en ese campo antes de que su éxito quedara demostrado. Así que poco importaba si tenías estudios de especialización con lo último en social media: debiste empezar antes y no importa que el discurso no existiera ni que esté en constante cambio en estos momentos.

Los sentidos de la humildad

Este tipo de experiencias me han traído hasta aquí con una reflexión. No quiero agobiarte con más consejos para armar el currículum perfecto, el infalible, el que nadie podrá resistir. Me interesa más que nos sentemos, respiremos y comencemos a pensar en algo que se pierde cuando uno entra en el estira y afloja de la búsqueda de trabajo: la noción de humildad. Comencemos por un par de posibilidades que se derivan de la etimología misma de la palabra que nos lleva al humus. La humildad es la virtud de la condición terrenal. - tuitéalo     Humus, en efecto, significa tierra, por lo que la humildad es un valor que pone los pies en la misma reconociendo y aceptando nuestra condición de seres terrenales.

Pero ojo que esto tiene su truco. En la humildad también resuena el humiliare que significa postrar a otro para marcar superioridad sobre él. Flaco favor el que haría entonces la humildad si nos lleva a postrarnos ante el otro permitiendo que nos domine. No te asustes, que esto es algo que en la historia del pensamiento se ha pensado ya varias veces y hay que marcar una importante distinción. Acudimos para ello a Spinoza que nos dice lo siguiente en su Ética demostrada según el orden geométrico:

La humildad es la tristeza que surge de que el hombre contempla su impotencia. En cambio, en la medida en que el hombre se conoce a sí mismo por la verdadera razón, se supone que entiende su esencia, esto es, su potencia.

El humilde es entonces aquel que sabe lo que no sabe, que conoce sus límites y asume su condición. Pero esto no se detiene ahí pues hay claramente una doble posibilidad: quedarse en la contemplación de la impotencia, es decir, en la dimensión de tristeza o derivar de este reconocimiento de los límites el entendimiento de nuestras potencias. Dicho de otra manera, el humilde conoce sus propias fronteras, de manera que es capaz de distinguir entre lo que sabe y lo que no sabe, entre lo que puede y lo que no. Esto no sería sino el punto de partida para superar sus límites, aumentar sus potencias reconociendo lo que ya tiene y  lo que le hace falta. - tuitéalo     Esta idea conecta de mejor manera con otra noción del humus, a saber, la que le entiende como la capa más fértil de la tierra.

Reconocimiento y valor

La humildad, por tanto, es reconocimiento y aceptación de la propia condición pero no para bajar la cabeza, sino para tomar esto como el campo fértil para el desarrollo de las habilidades y las potencias. Reconozco lo que soy y lo que no soy, pero eso nada dice con respecto a lo que puedo ser. Mejor dicho, habla claramente de una capacidad fundamental para saber dónde se está y hacia dónde se abren los campos de mejora. El humilde, por tanto, no es aquel que se guarda cosas de las que ha hecho o sabe hacer, sino que las muestra asumiendo que no son sino una pequeña muestra en relación a todo lo que podría hacer y saber. Hay en él un reconocimiento de su condición que no niega lo que ya es de hecho ni esconde lo que no sabe. Al respecto Kant nos dice lo siguiente:

La humildad es la conciencia y el sentimiento de poco valor que uno tiene en comparación con la ley.

En la humildad siempre se está en relación con algo más grande, con algo con respecto a lo cual el yo pierde la relevancia que solemos darle. Es tanto como decir: sí, este soy yo, pero eso no es tan importante como lo que podemos ser nosotros. Aquí no se deja de admitir y reconocer el valor de lo que uno mismo es, pero al mismo tiempo se abre una conciencia de que ese valor es menor en comparación a una dimensión donde hay muchas más cosas que las que yo puedo ser y conocer. Esto, como puede verse, da valor a la persona, le marca como alguien que puede aportar no solamente lo que sabe sino que tendrá muy claro dónde hay que trabajar más para seguir mejorando. Una conciencia de lo que es y de lo que no es no resulta menor a la hora de valorar a un potencial trabajador.

Que el CV refleje humildad debe ser un signo de fuerza, una auténtica virtud.  - tuitéalo    

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Al dar cuenta de lo que hemos hecho en el recorrido de la vida más valdría la humildad como reconocimiento en positivo de lo que nos hace falta. El currículum debe hablar entonces de lo que somos, de nuestros límites, pero en un tono en el que ellos son más fronteras abiertas que muros infranqueables. Reconocer lo que se es y lo que se sabe sin avergonzarse, sin temor a mostrar lo que no se es y lo que no se sabe porque de ello no puede derivarse una relación de humillación. La humildad puede ser un poder. El reconocimiento de los propios alcances es una virtud que llevará a la superación de los límites no por mera vanidad, sino por expandir el conocimiento de uno mismo sabiendo que la meta será siempre muy alta, pero que no por ello se deja de perseguir. Un currículum que logra reflejar esto es, a mi entender, uno que vale la pena considerar.

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Carlos Alberto Girón Lozano

Blogger y content creator. Apasionado de lo que hago, buscando siempre proyectos interesantes para ampliar horizontes. Lo que ves aquí son los mares por los que me muevo, así que te invito a seguirme, suscribirte y navegar conmigo. Este es tu rincón y la imaginación es el límite.

  • Sobre la humildad: Somos polvo de estrellas. Polvo, sí; pero de estrellas!!!

    Sobre el CV, el miedo está cambiando de bando. Deberíamos preguntarnos de vez cuando si la empresa para la que trabajamos o la que demanda nuestros servicios es también polvo de estrellas o simplemente, polvo de mercados…

    • Mi estimado Jerby, qué buena pregunta que planteas. También puede aplicar aquello de que somos polvo enamorado de las actividades que realizamos. La pasión sería otra virtud que podría ser mucho más valiosa que un papel que dice que estuviste tres años sentado en una silla haciendo lo que se te pedía. Lo humano sobre todo, lo humano que es polvo enamorado. ¡Un abrazo!

      • Aunque esto sería mejor tratarlo por la comunidad, en realidad lo que solemos entregar es un CM (Curriculum Mortis): Cosas que ya hemos hecho.

        Un CV tendría que poner las cosas que vamos a hacer…

        • Justamente eso mi estimado Jerby: la humildad dice lo que ya somos, eso que ya está ahí porque le hemos venido construyendo, pero al mismo tiempo es capaz de mostrar lo que está por venir. Un auténtico reflejo del impulso que nos trajo hasta aquí pero que todavía no se detiene, sino que sigue una trayectoria. ¡Un abrazo!

  • Bolboreta Papallona

    Nunca me ha gustado redactar un currículum… lo que puedo demostrar en papel tiene poco que ver con quién soy… Uy, ¡qué triste me ha salido el comentario! Pero no lo estoy…

    • Coincido contigo mi estimada mariposa. En un mundo enredado como el nuestro podíamos tener ya integradas nuevas maneras de dar cuenta de nuestras capacidades. Siempre, claro está, con humildad en el sentido de fuerza y virtud. Hay ejemplos en la red de currículos en vídeo que resultan muy originales, así que también hay que decir que estamos en camino de cambiar las cosas. ¡Abrazo lepidóptero!

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